Eterno verano.

jueves, 14 de agosto de 2014

Exposición "La huella del sonido" en el Centro Cultural de la PUCP.

El día de ayer estuve en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú para asistir a la exposición "La huella del sonido", la cual nos invita a recorrer los distintos soportes que ha tenido la música grabada en décadas precedentes y también en la actualidad. Para alguien que babea de la emoción cuando ve un cassette o un vinilo esa muestra resultó auditivamente sabrosa y culturalmente nutritiva.







Partimos de la victrola/vitrola/gramófono. Esa que se activaba a manivela y de la que todos hemos visto una foto antigua en la que aparece un perrito atento al sonido de la enorme bocina, foto que, por cierto, decora una de las paredes de la exposición. La de la foto es una victrola Sanbarsan, lanzada al mercado en 1918.



Uno de los objetos manipulables de la exposición es esta hermosa rockola con discos de 45 rpm. La podías activar con monedas de S/. 1 lo que te permitía elegir dos canciones con sus botones. Yo elegí "Viento dile a la lluvia" y "¿Dónde está esa promesa?" del grupo español sesentero Los Gatos, aunque también estaba por ahí "Ciudad solitaria" de Luis Aguilé, canción cuyo sonido me daba miedo de niño.





Radio Bush EU3A, fabricada en Londres en 1950. Tenía Onda Corta y AM.


Radio Philips Sagita 431 de finales de los 50s con AM y FM. Mi abuela tenía una muy similar, sino acaso la misma y aún debe seguir guardada en algún lugar de la casa familiar.


Gramófono Victrola T90, fabricado para el mercado asiático.




Un par de imágenes realizadas con cinta de cassette.


Tocadiscos.


La evolución.


Tablet con alguna música al lado de una grabadora ochentera. También tengo una de esas en casa pero ya no graba muy bien. La de la foto es del modelo BR-800 de la marca Bigston.






Grabadora de carrete abierto Open Reel Pioneer RT71 DE 1973.


La foto del perro y la vitrola.


Portadas de álbumes.


Los Iracundos que no eran nada iracundos en sus canciones, al contrario, la mayoría eran sufridas. Ok, no.


"El último tango en Piñonate" para toda mi gente sabrosa de SMP.




"¡Que se paren las bolas..!" y "Romance en La Parada".


Mar de Copas en cassette.


Vinilo de The Platters que escuché en una cabina que emulaba las antiguas discotiendas. Fue la primera vez que escuché "Only you" directamente de un LP y no de cassette.



La revolución en LP.


Formatos actuales: MP3.


Tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica empezó a hacer la misa en los idiomas locales, en este caso, en una lengua del Congo.


El de abajo es un adaptador de discmans, MP3 u otros para automóviles o equipos que solo tienen cassettera.


Tocadiscos vertical.




Haciendo sonar un theremin, el primer instrumento de música electrónica de la Historia.


Reproductores de CDs y discman.


El que sepa donde puedo comprar actualmente uno de estos, que me pase la voz.










La clásica radio ochentera que muchos aún conservamos en algún rincón de nuestras casas.


Máquina de cartuchos.


Radiola. Con una de esas se armaban los tonos en mi casa hasta mis primeros años de vida, incluido el de mi bautizo, según consta en cierto video Betamax.


Laser Disc, un formato que no tuvo mucho éxito a inicios de los 90s.






Lo bueno: Prácticamente TODO, pero me gustó especialmente "la discotienda". Me hizo recordar lo que era DiscoCentro, hasta inicios (o creo que mediados) de los 90s. Cuando salíamos los fines de semana, mi padre me llevaba y probaba no sé si discos o cassettes de sus artistas favoritos (Los Iracundos y similares) en las cabinas, lo que en ese tiempo me parecía un aburrimiento increíble pero ahora recuerdo (muy vagamente porque no tendría más de 5 años de edad) con nostalgia. Fue la primera vez que mi amiga acompañante (que tiene 18 años) pudo escuchar un disco de vinilo y sintió la diferencia con un cassette o un CD. Asimismo, hacía muchos años que no grababa mi voz en un cassette, una experiencia que extraño y me devuelve hasta la mitad de mi adolescencia.

Lo único malo: Hay un caballero que incansablemente va de un lado a otro chequeando lo que hace la gente. Se le ve ansioso. No es ninguno de los curadores pero parece que es dueño o repara alguno de los tocadiscos. Lo cierto es que cuando vas a probar alguno de dichos objetos te mira un poco más y con rayos X. Se queja de haber tenido que cambiar "25 agujas" de los tocadiscos que están en las cabinas porque la gente no sabe que, en su opinión, la manija no se debe levantar sino solo llevar suavemente porque está milimétricamente calibrada y... ¡por favor! si vas a poner objetos para ser manipulados sabes que te estás arriesgando, si vas a tener miedo mejor pónlos tras una vitrina y no en una muestra interactiva. Además, en mi casa hubo tocadiscos funcionando hasta no hace muchos años y siempre hemos hecho las cosas así y no se ha tenido que cambiar la aguja en harto tiempo.

Ok, ya hice mi catarsis. ¡Les recomiendo la exposición! Está de 10am a 10pm hasta el 24 de agosto. ¡No se la vayan a perder! :D

martes, 5 de agosto de 2014

Después de un año, nuevamente en las tierras altas: Pomabamba.

Ya se está volviendo tradición personal mi viaje por Fiestas Patrias a lo más profundo de la sierra de Áncash. Al Callejón de Conchucos, para ser más exactos. Y esta vez, insospechadamente, terminamos en Pomabamba y también perdidos en un cerro sin nombre, intentando llegar al sitio arqueológico de Yayno.

Las lagunas y los nevados son el paisaje dominante mientras el bus recorre el sur del Callejón de Huaylas.

Un Cristo solitario nos recibe en el paraje conocido como Cahuish.


En ocasiones hay contratiempos. En este caso, un camión se atascó sobre un puente de plástico y madera, delante de nuestro bus.
Después de casi 17 horas de viaje a bordo de "El Solitario" llegamos a Pomabamba. Para quien no conoce le podría resultar extraño el excesivo tiempo requerido para llegar a un lugar de Áncash, región situada exactamente al norte de la región Lima. Pero el camino es difícil y las últimas 8 horas transcurrieron en el Callejón de Conchucos, donde la carretera (?) recorre las laderas de las montañas, subiendo y bajando en plena oscuridad, por lo que no se puede ir rápido. Todas las empresas de transporte que pasan por la zona tienen en su historia más de un bus o camioneta caído en los barrancos.

Pomabamba es la capital de la provincia del mismo nombre. Es una ciudad pequeña o, si se prefiere, un pueblo grande. El idioma más utilizado y que suele intercalarse con palabras en español, es el quechua ancashino. Sin embargo, buena parte de su población tiene rasgos de la raza blanca. Esto emocionó a Esteban, mi amigo, quien preguntó a una agraciada muchacha el porqué de esta característica, a lo cual ella respondió que era por un nutrido grupo de españoles que habían decidido asentarse en aquella zona en tiempos de la Colonia sumado a un posterior grupo de italianos. No me consta que sea cierto.
Plaza de Pomabamba al atardecer.

Iglesia.
Después de recorrer la ciudad (lo que no nos tomó mucho tiempo) decidimos buscar un hospedaje. En la misma plaza se encuentra el curioso y colorido Hostal Plaza que ofrece habitaciones "con vista panorámica" desde 10 hasta 35 soles. Las habitaciones son un cuchitril total: puertas oxidadas de fierro que no cierran bien, camas con colchones hundidos y colchas que no se cambian desde la época de ñangué, baños sin agua y sin limpiar, escaleras angostas, paredes desconchadas, pisos sucios, etc. Pero nos llamó poderosamente la atención la disposición, tamaño y color de cuartos y pasadizos. Esteban no se aguantó la curiosidad e hizo la pregunta al recepcionista.

- Disculpe ¿esto ha sido un burdel?
- Mmm... sí.
- ¿Hace cuánto?
- Hace como 10 años.

Eso explicaba todo. Solo faltaban las putas y eso era un antro total. En las noches no podíamos dormir bien porque nuestros cuartos daban a la plaza y desde un karaoke cercano salía a todo volumen la canción "Mi único amor" de Armonía 10 seguida de la siempre recordable "Necesito un amor" de Skándalo.

Putas Harry, putas.
Más allá del pueblo, en el paraje conocido como Chuyas, se encuentran las aguas termales. Hay pozas y piscinas, o eso nos dijeron. Atravesamos el río y entramos al local más grande, administrado por la municipalidad provincial. El costo es de S/. 1 por 20 minutos, aunque permanecí más de una hora. Nos dimos con la sorpresa de que se trata de simples duchas, como las que habría en tu casa o en la mía, solo que la de mi casa está más limpia; mientras que la piscina estaba "en mantenimiento". No tenían ni siquiera tapón para empozar el agua, pero el pata que atendía nos dió piedras y bolsas. "Pitucadas capitalinas", seguramente pensó. Al frente se encuentran las aguas "thermo-minero-medicinales" Jacob, que me dijeron que son mucho mejores, pero por eso mismo, estaban repletas.

El río que pasa por Pomabamba.

"Poza" de las aguas termales administradas por la municipalidad.

Entrada a las aguas "thermo-minero-medicinales" Jacob, ubicadas al frente de las anteriores.
Al día siguiente emprendimos la caminata hacia los restos arqueológicos de Yayno. Les adelanto que nunca llegamos. La empezamos en el pueblo de Huayllán, para el cual hay que tomar una combi que cobra S/. 1.50. Siendo las 10:30hrs de aquel día iniciamos la ascensión, en un primer momento por unas escaleras que resultaron más agotadoras que la tierra desnuda.





Tras varias horas (cerca de las 13hrs) llegamos al pequeño pueblo de Huanchacbamba, última parada antes de la nada total. Nos detuvimos en una casa, donde una amable familia nos sirvió tazas de mazamorra de quinua y platos de arroz con varios huevos.
Desde la casa de la familia.
Supuestamente llegar a Yayno consistía en seguir la flecha.
A eso de las 15hrs y sin dejar de ascender, nos dimos cuenta de que probablemente estuviéramos perdidos. Habíamos dejado el camino buen rato atrás y empezamos a ascender por la ladera desde un reservorio de agua, último signo de presencia humana en esas montañas. Las laderas estaban pobladas ahora de ichu, lo que indicaba que estábamos bastante alto. Fue ahí cuando la fatiga empezó a hacer su aparición.




Me quedé unos metros antes de la cumbre, pero Esteban decidió seguir. Y fue ahí donde, ante mi consejo de regresar antes de que sea de noche y no encontremos manera de volver a Pomabamba, me soltó la frase más estúpida de los últimos cinco años.

- ¡De niño ví mucho Gokú y aprendí que él nunca se rendía y pasaba de sayayín 1, a 2, 3, 4, por eso siempre pongo al límite mi fuerza y llegaré hasta el final!

Maldije el puto anime.

Minutos después (ya alrededor de las 17:15hrs) subía hasta la cumbre, mientras la temperatura bajaba y no llevábamos casacas sino únicamente polos y chompas delgadas. Casi se cae del barranco y no encontramos el dichoso Yayno. Nos habíamos equivocado de cerro. Debimos rodear otra montaña y no alejarnos del camino.



Regresar fue toda una vaina. Si bien la caminata de regreso fue más rápida, por ser de bajada, llegamos casi a las 20hrs al pueblo de Huanchacbamba, ya con un jodido dolor de cabeza y náuseas producto del soroche. Una familia nos invitó a pasar a su casa y llamaron a un taxi para que nos lleve a Pomabamba. Nos cobró S/. 50. Pero la vaina es que logramos regresar.

Al día siguiente quisimos ir a nuestro destino original: el pueblo de Charac en el distrito de Lucma, un viaje de más de dos horas. Pero no encontrábamos carro, ya que los pocos que salen estaban repletos. Finalmente nos fuimos parados en un Chavín Express hasta el paraje denominado Cruce Mollepampa, de donde, como otras veces, caminamos hora y media hasta el pueblo.



Flor en el Cruce Mollepampa.
Entrando al pueblo de Charac.

Campos de cultivo en temporada seca.

Atardecer entre las montañas, visto desde Charac.
Charac es altamente simbólico para mí porque las dos veces anteriores que he ido siempre han sido el preludio de cambios en mi vida. La primera vez yo y mis amigos vimos una luz que atravesó los cielos en plena fiesta patronal, mientras la gente del pueblo bailaba y se distraía socializando. Esteban gritaba "un ovni, un ovni", tambaleándose por los efectos de la chicha de jora. El año pasado, que también fuí coincidiendo con la fiesta patronal, pedí una señal de los cielos para una encrucijada vital por la que estaba pasando y los cielos me respondieron. Ví más estrellas fugaces que nunca desde la cumbre del cerro Cuncash, ya que mi visita coincidió con la lluvia de las Delta Acuáridas.

En esta ocasión conté mi vida, mis inquietudes y mis oraciones bajo la tenue luz de la franja de la Vía Láctea. Ví luces extrañas también (siempre se ven allí) pero no les presté mucha atención. Tenía más interés en saber qué me decía mi interior para recién después mirar a lo exterior. Obtuve respuestas y consagré a la canción cristiana "Tu amor no se rinde" como mi himno personal. Me hice promesas a mí y al universo. Y pedí señales, y estas nuevamente se dieron, en la forma de la más grande, brillante y solitaria estrella fugaz que he visto en mi vida. Y cuando regresé a Lima esa señal se cumplió. Mensaje recibido.

Es difícil resumir en unas pocas líneas lo que ese lugar representa para mí. Espero que para la próxima vez que vaya ya tenga una cámara profesional que me ayude a retratar los hermosos cielos nocturnos de aquella región.

Pasaron un par de días y tuve que regresar, por unos problemas en Lima. Vine 6 horas parado en un bus que iba a Huaraz. Pero antes, me detuve en el pequeño pueblo de Chacas, famoso por su arte en madera y que posee una hermosa iglesia. El pueblo es la puerta que comunica el Callejón de Huaylas con el Callejón de Conchucos.

La plaza de Chacas vista desde el frontis de la iglesia.

Iglesia de Chacas.

Interior de la iglesia de Chacas.
Después de Chacas me esperaban unas pocas horas hasta Huaraz. El bus atravesó el túnel de la Punta Olímpica, de casi kilómetro y medio de largo y nos mostraba las cumbres nevadas del Parque Nacional Huascarán a través de la ventana.

Una vez en Huaraz, realicé una rápida visita a mi amigo Pollo quien me acompañó a recorrer todas las líneas de transporte que llevaran a Lima. Todos los buses estaban llenos. Finalmente tomé un bus informal a sobreprecio. Tenía que estar en Lima al día siguiente como sea. Pero valió la pena, quizá les cuente después :)