Eterno verano.

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sábado, 2 de mayo de 2015

La fuerza del maretazo (Costa Verde 1/5/2015).

"Al ver tanta fuerza viva me pregunto ¿cómo es que algunos grupos de imbéciles dicen que el mundo se va a acabar?".

Mi tío, autor de estas palabras, tentando al mar.




"Me gusta observar el mar en estos atardeceres de olas bravas. Es la fuerza de la naturaleza ¡desatada! Me hace recordar el día en que fui a un comedor del jirón Cusco. Allí un joven golpeó al cocinero por negarse a darle una ración de alimento. ¡Era la fuerza de los instintos, la fuerza del hombre desatado por lo más vital: la sobrevivencia! En contraste, en este lugar veo a varios tablistas retando a las olas y poniendo en juego lo mismo por un momento de adrenalina. Han logrado reprimir el más primitivo de sus instintos y, en correspondencia, la naturaleza los lleva y golpea con la más pura de las fuerzas de la Creación".





sábado, 7 de febrero de 2015

La (casi) olvidada Costa Verde de Miraflores.

Hace unos días emprendí un breve recorrido playero por nuestra tan cercana como injustamente olvidada Costa Verde, específicamente por el sector miraflorino, que empieza en las rocosas Makaha y Redondo y termina abruptamente y de la peor manera cerca al límite con San Isidro, en medio de un terral.




Por alguna razón (que no sé), el mar que baña estos lugares es bastante más verdoso que el de las playas del sur. Y también más frío (pensándolo bien, esa característica debe ser la que propicia un mayor crecimiento del fitoplancton). Supongo que el nombre de Costa Verde hace referencia al color de las aguas y no al verdor de los acantilados, que son mayoritariamente pelados, al menos desde hace varias décadas, cuando las filtraciones de agua dejaron de caer como consecuencia del reemplazo de las áreas de cultivo por urbanizaciones.




Los veraneantes que se broncean en Makaha y Redondo suelen ser principalmente surfers y algunos miraflorinos y barranquinos que no tuvieron tiempo para ir hacia el sur y decidieron echarse sobre las piedras calientes de estas playas, las que a eso del mediodía se calientan tanto que te hacen sentir como en una suerte de pachamanca.

Hablando de ello, es sumamente relajante estar ahí al atardecer y escuchar el sonido del vaivén de las olas sobre las piedras, llevándolas y trayéndolas de vuelta con agradable ritmo. Y por supuesto ¿por qué no? acompañar el momento con un vinito.










Sobre las rocas de los espigones es posible observar gran cantidad de algas, pequeños mejillones y uno que otro cangrejo.




Una de las playas más desaprovechadas es la conocida como Tres Picos. Casi no tiene veraneantes, excepto uno que otro surfer y alguna familia que estaciona brevemente su automóvil para remojarse los pies o tomarse selfies con el Morro Solar de fondo. Sin embargo, en 2010, el gobierno construyó un bonito parque y malecón, con bancas e iluminación, que sería perfecto si no fuera porque está casi completamente abandonado y poco a poco va siendo afectado por los elementos.







Llegando a San Isidro, la playa va desapareciendo tras una barrera de desmonte y piedras seguramente provenientes de los ocasionales derrumbes de los cercanos acantilados. En estos lugares, las solitarias gaviotas son las únicas dueñas del lugar y la presencia humana es casi nula.





Puentes abandonados por la gestión de Susana Villarán, lozas deportivas totalmente abandonadas, con los arcos carcomidos por la brisa cargada de sal, algunos viejos árboles de épocas difíciles de precisar, tierra, gaviotas y desmonte es lo último que encontramos en el extremo norte de la Costa Verde miraflorina. Seguir hacia San Isidro es casi imposible, ya que las obras inconclusas no dejan ni unos pocos metros de camino para poder continuar a pie. ¿Cuándo llegará el día en que alguna autoridad se preocupe por aprovechar y habilitar lo que bien podría ser un punto de atracción, no solo para el siempre mentado turismo, sino para los propios limeños?









Pónlo de fondo: Así sonaba la radio hace 20 años, en el verano 1994-1995, cuando la gente iba más a Redondo :)

jueves, 9 de enero de 2014

Conversaciones de verano en Playa Kakita.

Foto idílica, casi de postal, de Playa Villa.
Playa Kakita es un lugar escondido, tranquilo, pero definitivamente no es el lugar al que tú llevarías a veranear (y menos a pescar o sumergirse en el agua) a tu enamorada (al menos no si quieres que tu relación siga mejorando cada día). Es una playa olvidada, pero que conoció tiempos mejores, hasta que un día alguna autoridad decidió que era momento de elegir un lugar donde botar los desechos de la ciudad y lo echó a suertes (Ella Baila Sola style) y la cagó grandemente (literalmente) porque la elegida fue la playa situada a la espalda del Morro Solar (Playa La Chira) y contigua a la playa cuyas imágenes adornan este post. Sí, a la espalda de ese cerro que todas las noches ilumina con su cruz a los pecadores de la Costa Verde. Y así fue como, por ironías de la vida, lo profano empezó a derramarse a espaldas de lo sagrado.

La primera vez que fuí a Playa Villa (que esa es su gracia), acudí con cierto prejuicio por lo arriba mencionado. No, no he ido a bañarme. Pero sí he acudido a sentarme en sus cercanías mientras converso con una buena amiga cuya residencia con vista al mar, está situada a escasos metros del lugar. "Vamos a conversar de la vida a la playa de por mi casa" me dijo por primera vez en una tarde de 2012 y desde entonces hemos ido varias veces. La más reciente fue justamente hoy.

Alguien la pasó muy bien en Año Nuevo y olvidó llevarse su basura.
Y es que Playa Kakita (el nombre que le pusimos en un momento de gran inspiración) es un lugar donde la limpieza la efectúa el mismo mar... y bueno, tampoco es tan limpio. De hecho, junto a la vecina Playa La Encantada, son dos de las pocas playas de Lima Metropolitana que casi siempre están calificadas como "No saludables". Sobre la arena es fácil divisar algunos restos de pirotécnicos de las pasadas fiestas navideñas junto a restos de botellas, zapatos y demás. Según mi amiga, en uno de los extremos siempre llegan camiones a botar desmonte. Pero aún así, pueden verse en la playa varias personas, haciendo ejercicios, corriendo o conversando, mientras las gaviotas pasan siempre en grandes bandadas casi a ras del mar, zambulléndose cuando divisan algo interesante para comer. Por algún motivo no muy difícil de adivinar, dudo seriamente que aquello que buscan con tanto interés sean peces.

Bandadas de gaviotas y nubes bajo las cuales el Sol vuelve a salir un rato, antes de despedirse de nosotros.
Frente a la playa pueden verse un par de pequeños edificios que algún visionario (?) decidió construir pensando que serían un éxito en ventas. ¿Quién no va a querer vivir frente al mar y disfrutar siempre de su fresco aroma? Pero la visión se le extinguió rápidamente, porque los departamentos están ahí, en su mayoría deshabitados. Un guardián cuida por las noches el desolado malecón, mientras de vez en cuando uno o dos barcos son visibles en el horizonte. Así sea verano, es posible que en las noches se sienta el aire frío, ya que su peculiar ubicación a espaldas del Morro Solar origina que la brisa marina sea un poco más notoria que en una playa de Barranco, por ejemplo.

Ya te dieron ganas de ir, lo sé.
Aún así, me cuentan que apenas cae la oscuridad se estacionan algunos carros, aprovechando lo caleta del lugar, y empiezan a moverse solos, agregándole un toque paranormal al ya fantasmal paisaje nocturno de la playa desolada.

Ok, van a esa playa a tirar.

Atardeceres de verano sobre el cristalino mar de Playa Kakita.
En fin, el cordón playero de Playa Kakita (La Chira, Villa y La Encantada, para los entendidos) es uno de esos lugares, digamos, "anómalos" para visitar, pero no corres mayor peligro mientras no te sumerjas en sus aguas (a pesar de que el colector ya no funciona, por lo que me dijeron, pero ya tú sabes, "donde hubo fuego cenizas quedan", y donde hubo guano...). Si permaneces en la orilla puedes observar algunas bonitas puestas de sol, sin miedo a que un "vendedor de Hortelas" te obligue a colaborarle o que un vendedor de caramelos con globos a modo de tetas te malogre el feeling o que haya harta gente y no te dejen concentrarte en tus pensamientos. Mi amiga me dice que ella sí se bañó ahí, varias veces, pero que no hay problema si sólo es en la orilla. La miré y alternativamente miré el mar en el momento justo en que una ola llegaba a la orilla con un muy curioso color marrón verdoso. "Esta playa es la cagada", le dije, como quien halaga el lugar mientras una gaviota pasaba sobre nosotros con un vuelo rápido, característica innegable de las aves marinas que tienen la barriga llena y el corazón contento.