Eterno verano.

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sábado, 15 de agosto de 2015

Las tierras altas del altiplano: El occidente boliviano (1).

Primer contacto: Llegamos, con muchas ilusiones, el 4/8 a eso de las 6pm por el puente fronterizo de Desaguadero. Debo mencionar que Desaguadero es un pueblo dividido en dos: una parte es peruana y la otra boliviana, separadas por el río del mismo nombre. Me dirigí junto con mi primo al puesto boliviano de Migraciones, en cuyo mismo edificio hay una delegación policial por la cual debes pasar para que revisen tus cosas (no hay scaner y solicitan que saques todo lo que llevas en tu equipaje). Seré concreto: Los policías nos solicitaron dinero a nosotros y a una señora que nos antecedía con la excusa de que a nuestras tarjetas de Migración les faltaba llenar un recuadro. Incluso nos amenazaron con que si no pagábamos no nos dejarían pasar o nos enviarían a una carceleta. Después, con gran concha, mencionaron que el dinero no era para ellos sino para comprarle ropa nueva a una vieja imagen de la Virgen de Copacabana que ahí tenían. Después de maldecirlos (en verdad, espero que su sucia casita verde se les caiga encima con el siguiente sismo) comprobamos, en la combi que nos trasladó a El Alto, que esta es una práctica común que realizan con los peruanos que pasan por esa ruta (generalmente comerciantes y trabajadores).

Todo se ve muy tranquilo.

Las calmadas aguas del río Desaguadero y, al fondo, el Titicaca.

El Alto: Había escuchado mucho sobre esta urbe. Es la segunda ciudad más grande de Bolivia y está ubicada al lado, o mejor dicho, encima, a un nivel más elevado, de La Paz. Si bien la mayoría de turistas se hospedan en esta última ciudad, mi primo y yo, para ahorrar, nos quedamos en su elevada urbe vecina: una gran e interminable mole de calles, grandes y pequeñas, en las cuales reina una arquitectura muy llamativa y particular, fruto de la originalidad y cultura viva de la nación aimara. Los paneles que fueron instalados para dar la bienvenida al papa Francisco aún pemanecen en avenidas en las que se suceden tiendas, talleres, restaurantes, ambulantes, puestos de venta de salteñas (variedad local de empanadas), pollo "a la broaster", cabinas telefónicas "Viva... estás vivo", recargas "Tigo", mocochinchi (jugo de melocotón), jugo de piña, gaseosas "Coka Quina", combis, buses, las ya mencionadas casas (que tienen hasta 7 pisos multicolores y unas rejas muy características, con columnillas) y un terminal terrestre en plena calle equivalente a Fiori en sus mejores tiempos. En definitiva, una ciudad que bulle de vida y dinamismo.


Transporte público de vivos colores.

Conmemorando las fiestas patrias bolivianas.

Francisco está en todas.

Calle alteña con los nevados al fondo.

Mocochinchi.

Arquitectura y tránsito.

Tiwanaku: Sin duda alguna, todo peruano ha escuchado hablar de Tiwanaku (aunque aquí le decimos Tiahuanaco). Más de uno se imagina, por insinuación de los libros escolares, que esta zona arqueológica se encuentra en territorio peruano, Lo sienten suyo, casi tanto como a Chavín. Pero la verdad es que está en Bolivia y que si bien existió influencia de la cultura que la construyó en nuestra patria, sería más correcto que hiciéramos énfasis en su coetánea cultura Wari.

Tiwanaku es, en la actualidad, un interesante y tranquilo pueblo. A unos centenares de metros más allá, y alrededor de una línea férrea, se encuentran la pirámide de Akapana, el Templete Semisubterráneo, Kalasasaya, Puma Punku y la archiconocida Portada del Sol, así como dos interesantísimos museos (sobre todo el Lítico). Un lugar imperdible y donde, además, pueden adquirirse bonitos recuerdos a muy bajo costo (es importante mencionar que 1 sol equivale a 2.19 bolivianos, es decir, tu dinero literalmente se duplica al cruzar la frontera).


Entrada a Tiwanaku.

Cerámica de pequeño tamaño utilizada como depósito de ofrendas funerarias.

Evo Morales como punto final de la línea de tiempo de Tiwanaku.

Pirámide de Akapana.

Piedras con chakanas en lo alto de la pirámide de Akapana.

Dintel grabado.

El Templete Semisubterráneo con Kalasasaya al fondo.

La Portada del Sol.

Monolito Ponce.

Cabezas clavas, incluida una de curiosos rasgos, en el Templete Semisubterráneo.

Museo Lítico.

Esculturas en el Museo Lítico.

Puma Punku.

Museo Lítico.
Es importante mencionar que no está permitido filmar los restos arqueológicos (solo tomar fotos) ni fotografiar dentro de los museos. Yo, como no lo sabía, pude realizar algunas tomas. En una de las salas fuertemente vigiladas que no pude fotografiar, se encuentra la verdadera joya de este lugar: el Monolito Bennett. Una enorme escultura, mucho mayor que cualquier ser humano, que tras haber sido descubierta enterrada en el Templete Semisubterráneo y haber sido colocada en una plaza pública de La Paz y ser meada por humanos y palomas, erosionada por la contaminación e incluso utilizada para tiro al blanco en alguna revolución (todos estos datos figuran en la sala), reposa hoy, con gran reverencia, en una inmensa estancia tenuemente iluminada, para admiración de las generaciones presentes y futuras. Un profundo respeto surgió en mí al observar tan increíble homenaje a esos extraños "dioses" que según todas las culturas bajaron a la Tierra en la más remota antiguedad.
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La Cordillera Real, como fondo del hermoso paisaje de regreso a La Paz/El Alto.
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Esta última imagen ilustra perfectamente un momento que quedará grabado en mi mente con respecto a este viaje: los instantes de serenidad mientras contemplaba la Cordillera Real y el paisaje rural de la carretera de Tiwanaku a La Paz.

¡Taaambién vieeene! (en siguientes posts):

- El Salar de Uyuni, un lugar que quería conocer desde niño (debido a un documental), y sus alrededores.
- El Lago Titicaca (en cuanto mi primo me pase las fotos que tomé con su cámara).
- Las gaseosas de Bolivia.
- Un versus entre el pollo a la brasa, por Perú y el pollo al spiedo, por Bolivia.
- Diexismo en el Salar de Uyuni y radios bolivianas.

¡No se lo puede perder!

jueves, 6 de noviembre de 2014

Las tierras altas de Lima: Oyón.


Cuando hablamos de lagunas altoandinas de celestes aguas pensamos en Áncash. Cuando nos mencionan el huayno con arpa quizá pensemos en las alturas de la provincia de Huaral. Y cuando recordamos que ya es tiempo de relajarnos en algún baño termal quizá deseemos ir a Churín, pero no, resulta que todo eso junto y mucho más, también podemos encontrarlo en uno de los lugares injustamente poco conocidos que están cerca a nuestra capital y ese es Oyón.

Para llegar debemos tomar un bus en el jirón Zavala (paralela de Abancay) y en cinco horas (y tras haber pagado 20 o 25 soles) estaremos en nuestro destino. Por estas épocas hace un frío de la... gran conciencia y los 3.600 metros sobre el nivel del mar se hacen sentir en la forma del soroche, por lo que es recomendable llevar Gravol para el camino. Una vez en el lugar deberemos elegir nuestro hospedaje y disponemos de varias opciones, todas medianamente buenas con una sola excepción de la que hablaré al final de este post.

Oyón se caracteriza por algunas cosas interesantes. En primer lugar, la ciudad es conocida como "la cuna del arpa" o más específicamente, del huayno con arpa, ese género musical que en estas últimas décadas se ha generalizado en la mayor parte de los Andes. Los oyonenses son muy conscientes y están muy orgullosos de ese legado.




En segundo lugar, es una ciudad de mujeres tejedoras. A donde quiera que vayamos encontraremos a muchas de ellas tejiendo con gran habilidad ya sea en la mañana, la tarde o la noche, en el mercado, cerca a la iglesia o en las afueras de alguna casa. Es una forma de pasar el tiempo libre, según nos dijo una señora que tejía junto a un grupo cerca del despacho parroquial.



Las casas son sencillas y en muchos casos se encuentran fuertemente erosionadas por los elementos. Esto recuerda a algunos lugares de Áncash, principalmente del Callejón de Conchucos, por lo que más de una vez sentí que me sobrevenía un deja vú. Hasta aquí, todo "normal". Pero lo realmente "curioso" es que mientras ese es el estado de las casas del poblador común, la municipalidad provincial es un enorme edificio, provisto de auditorio, cámaras, reflectores, lunas azuladas y construida íntegramente en cemento y ladrillo, con colaboración de la minera Buenaventura.

Una de tantas viviendas.

Tunas y otras plantas crecen en los bordes de los tejados de algunas casas.

Callecita oyonense.

Ovejas en calle oyonense.

Municipalidad provincial.
A algunos kilómetros de la ciudad de Oyón se encuentran interesantes atractivos dignos de ser restaurados y promocionados. En lo arqueológico encontramos, por ejemplo, los restos de la fundición colonial de Pomamayo y también los restos prehispánicos de Marka Marka, que se encuentran en total abandono, casi totalmente cubiertos por la maleza y parcialmente destruidos por la construcción de la carretera. Aquí, al atardecer, mis compañeras tuvieron algunas extrañas percepciones sonoras y visuales, probablemente debidas a espíritus de la naturaleza, y una de ellas tomó fotografías donde aparecen orbs, a pesar de no ser un lugar particularmente húmedo ni polvoriento.

Marka Marka al atardecer.
Regresando hacia Oyón nos encontramos con el pequeño pueblo de Ucruschaca, cuyo principal atractivo es la fuente de su plaza principal cuyas aguas albergan alevines de trucha.


Cerca a Oyón también encontramos al pequeño Llanganuco de la serranía limeña: la laguna de Patón con sus celestes aguas que reflejan el cielo y las montañas antaño nevadas de la cordillera. Un lugar tranquilo, hermoso y que se presta para hacer campamentos y pasar momentos de relajación.



También en las cercanías de Oyón se encuentra el centro poblado de Viroc con sus aguas termales ferrosas. Me recordaron a las aguas termo-minero-medicinales que mencioné en el post sobre mi visita a Pomabamba, solo que en este caso las instalaciones son más modernas y tienen más pozas para bañarse, ya sea individual o grupalmente por S/. 2. Una experiencia reconfortante.


Pero no debo olvidar que mi visita a Oyón se llevó a cabo en el contexto de la celebración por el Día de Todos los Santos o de los Difuntos. Como en la mayoría de poblaciones de la serranía peruana, la gente se acerca al cementerio local a recordar a sus parientes o amigos fallecidos, bebiendo sobre sus tumbas, limpiándolas de maleza, poniéndoles velas o incienso, llorando, riendo, y haciendo que, por un día al año, la vida y la muerte se entrecrucen y estén un poco más cerca la una de la otra, casi tocándose las manos.

Uno de los "ángeles del Apocalipsis" que vigilan la entrada al Cementerio Los Ángeles.






Como todos sabemos, la globalización amenaza con llegar hasta los últimos lugares del mundo. Es así que en Oyón encontramos una todavía débil e inicial presencia de la anglosajona "festividad" del Halloween, en la forma de algunos niños disfrazados y recorriendo la ciudad con calabazas de plástico en la mano. Lo más curioso es que no gritaban "Jalowín" como los niños limeños sino "Dulce o truco" tal como los niños de los países anglohablantes (trick or treat).


Y finalmente, nada como acabar el día yendo a misa. Aunque el sacerdote es un malhumorado que no quiso darnos información para nuestro trabajo y prácticamente nos tiró la puerta del salón parroquial bajo la excusa del "estrés". Quizá sea por actitudes como esas que diversos grupos evangélicos, adventistas y Testigos de Jehová se encuentran cada vez más presentes en la pequeña ciudad. Pero aún así, evangélicos y adventistas también conservan la tradición y acuden a saludar a los difuntos al cementerio, aunque "sin tomar licor, solo con gaseosa" como nos dijo un señor evangélico.

La iglesia de Oyón.
El plus:

1. Lo recomendado: El poderoso caldo con su trozo de cordero que venden en el mercado de la ciudad es imperdible. Recomiendo ir al mercado y no, por ejemplo, a cierto restaurante que en su nombre dice seguir la tradición del lugar pero que vende principalmente lomo saltado o arroz chaufa.


2. Lo no recomendado: Si buscan un lugar donde hospedarse caminen más pero no caigan en la tentación de quedarse en el Hostal Selene, cercano a la plaza. Yo tuve la mala elección de quedarme ahí y las habitaciones son un asco, la dueña y su hijo son de lo más malcriados, en la noche no se puede dormir por los borrachos que hacen escándalo y los baños están sucios. Una mala experiencia. Recomendables son, por ejemplo, el Hotel Turístico de la Comunidad Campesina de Oyón o el Hotel El Minero.

Cuarto del Selene. Lo peor fue cuando el hijo de la dueña abrió la puerta con su llave maestra, sin permiso, para decir "si también estábamos tomando".
En fin, dadas estás indicaciones, no me queda nada más que decirles que ¡visiten Oyón! :)

Me encantó ese dibujo :)

sábado, 17 de agosto de 2013

Las tierras altas 2.

Me tomé un receso inesperado. Volví a Lima por solo un día, aunque al final, todo parecía configurarse para que me quedara aquí y no cumpliera con la segunda parte del viaje. Pero las cosas se dieron. A las justas, pero se dieron. Tomé un bus a las 22hrs de aquel sábado y a la mañana siguiente volví a estar entre las altas cumbres de Áncash. El problema es que el bus se quedó malogrado por tres horas en el paraje llamado Chasquitambo. Irónicamente, dos días antes le había dicho a Pollo que quería conocer ese lugar (conocido por su calor y su gran producción de paltas) y me molesté cuando él me dijo que en ese lugar "no había nada". Así que lo conocí. Y vaya de qué forma.
Sí Pollo, a la siguiente te creeré.
Como consecuencia de esa demora, perdí el bus que me transportaría de Huaraz a Lucma (distrito del callejón de Conchucos dentro del cual se encuentra Charac, el pueblo en el cuál me quedé). Tuve que pernoctar esa noche en Huaraz, en un hotel, ya que Pollo se encontraba nuevamente en Huari. Pero el atardecer fue genial y un grupo de gente pasó por el frente haciendo bailes andinos. Y el rostro que marcó mi 2012 apareció en mi mente. "Hasta aquí me persigue tu recuerdo", pensé.

Amanecer en Huaraz, desde el quinto piso del hotel (la azotea), donde estaba alojado.
A la mañana siguiente tomaba el "Renzo", uno de los dos buses (junto con "El Veloz"), que hacen la ruta Huaraz - Pomabamba/Piscobamba. Los buses son un poquín destartalados y tienen una petite historia de malograrse en el camino y volcarse en las difíciles geografías que hacen que un trayecto de no demasiados kilómetros tenga que hacerse en seis o siete horas, pero ya qué. No había otra opción. Tomé el de las 07hrs, porque el otro salía a las 19hrs y no me agradaba la idea de tener que bajarme en el "Cruce Mollepampa" (dónde no hay NADA) en medio de la oscuridad de la noche, tener que latear casi una hora en medio del campo y encima reconocer en medio de la oscuridad de las 02hrs una casa en medio de campos de cultivo en los que solo había estado una vez, en 2010.

Llanganuco, ascendiendo.

Pista entre las montañas

Laguna por el deshielo glaciar.
Y para más, con todo el pueblo en tono, porque era la fiesta patronal.

Llegué al pueblo alrededor de las 14hrs. Después de atravesar el Parque Nacional Huascarán por la parte más soft posible y divisar la Laguna Llanganuco y sus aguas turquesas. Estaba tal como hace unos años. Pequeño, pero acogedor. Acaba de pasar la etapa de cosecha, así que los campos no están verdes sino amarillos por la paja y la tierra. Los animales (generalmente cerdos, gallinas, burros y vacas) por aquí y por allá. Y las casitas de barro y piedras, casi todas con sus hornos para fabricar su propio pan. Las conversaciones que se oían al pasar, casi todas en quechua. El español es minoritario en aquel lugar, es más, hay mucha gente, como la familia de mi amigo "el profeta", con quien fuí y de quién ya he hablado en otros posts de este y mi anterior blog, que es bilingue, pero los parientes mayores y aún el niño de la familia, solo hablan quechua con algunas palabras de español.

Érase una tarde en un tranquilo pueblo perdido en la montaña.

Mi heladito de sabores naturales a solo 0.50!
Los (las) antis.

Se va a iniciar el baile y nótese la caja de chela al lado derecho.


El tío matraca y los negritos animando al pueblo :D
Subimos al cerro donde años atrás nos habían mostrado que la gente del pueblo había encontrado restos arqueológicos (más concretamente tumbas), habiéndoselos llevado. Dicen haber encontrado huesos, piedras labradas en forma de trompo y estrellas con un hueco en el medio (seguramente porras). En ese entonces las tumbas aún estaban parcialmente abiertas, pero ahora estaban rellenadas con piedras. En uno de ellos había una particularmente grande que un señor del pueblo nos dijo que "apareció de la nada". Se cuentan leyendas sobre ese cerro, entre ellas la del "molle encantado", un pequeño ejemplar de esa especie vegetal que crece sobre lo que había sido una tumba, desde hace años, y que nadie ha podido arrancar. Nadie sabe de dónde cayó la semilla, y se dice que en algunas noches se ilumina como si fuera de fuego. Más allá, el cerro Cuncash, el más alto, y a donde subir es verdaderamente difícil, yo, personalmente, me quedé a media subida.

Pensé que la lluvia de estrellas fugaces de noches anteriores ya había pasado, pero en la noche del 7 al 8 en que "el profeta" y yo subimos al cerro y permanecimos en campamento hasta la mañana siguiente, divisamos alrededor de 30. La noche del 8 al 9, algunas menos. La franja de la Vía Láctea era claramente visible. Y se dió la bella coincidencia del momento en que alguien lanzó un fuego artificial desde la fiesta patronal y esta coincidió con la caída de una estrella fugaz, en el mismo momento y a su lado. Cuando le preguntamos a un par de personas del pueblo sobre si se veía algo peculiar en sus cielos, nos hablaron de ciertas "estrellas que se mueven" y que suelen verse todas las noches, antes del amanecer.

También me dediqué a captar radios de otros lugares. Lo mismo que en Huari: radios de Ecuador (como una de Machala donde informaban de un par de lesbianas a las que no les habían dejado casarse) y Colombia en la AM y un par de Cajamarca. Un lugareño me hizo notar que detrás de la cadena montañosa, se veía otra, que ya pertenecía a Huánuco. Y que volteando y atravesando las montañas, se llegaba a Cajamarca, vía Huamachuco. Ahora las cosas quedaban más claras.

En la fiesta patronal, de tres días de duración, el plato fuerte fueron las danzas locales: los antis y los negritos. Estos iban de casa en casa cantando y bailando y la gente les invitaba chicha de jora y alguna comida. Iban capitaneados por un hombre con traje de militar antiguo que portaba una matraca. Un vacilón.

Hasta la noche la seguimos. Y por ahí sigue el tío matraca xD
Y , vimos ovnis o algo similar, que para eso en realidad había ido "el profeta". Como que anda loco y cree recibir mensajes de entidades, dijo que le habían dicho que se manifestarían grandemente en el cerro. No pasó nada, aunque el día anterior sí, pero para eso está el video, en el que solo capté unos segundos del suceso. Aunque claro "las entidades" también le "dijeron" que yo no encontraría carro para regresar a Lima si es que me iba solo y al final encontré un camión. Y por supuesto, lo llamé de Huaraz para burlarme de sus "profecías" xD

El burro y la inmensidad.

Restos de casas. Según "el profeta", ahí penan de noche y varias personas han desaparecido.

Una tumba prehispánica.

Restos de cerámica.

Lugareño intentando mostrarnos que el "molle encantado" es insacable.

Y ahora ¿cómo bajamos?
El camino más seguro.

Amanecer desde lo alto del cerro.

El burro hablándole al oído a la burra, y ella, haciéndose la interesante.


El video del supuesto ovni.

Allá arriba del cerro me enteré de que no me habían podido matricular, así que mi regreso se adelantó un par de días. Regresé a Huaraz en un camión, donde el camionero era rockero y mientras ponía los éxitos de GIT, me hablaba de la difícil vida recorriendo los Huaylas y los Conchucos. Era nativo del pueblo de Succha (Aija) y había querido ser educador, me dijo, pero le ganó el hecho de que desde los 8 años ya le agradaba subirse al camión de su padre, transportista como él.

Se cruzó un bus interprovincial, ¡mentémosle la madre! :D

Abajo, el túnel en construcción. Como verán, la ruta es un chancay de a 0.20.
Fuimos a Huaraz siguiendo la otra ruta, la hardcore. El túnel que haría las cosas más fáciles se culminaría recién en unos días, según el camionero, así que el camión se elevó hasta la altura de las cumbres para pasar al otro lado de la cordillera y reencontrarse con los fértiles valles del Callejón de Huaylas. Allá arriba casi se malogra. "Así es mi ruta de todos los días", mencionó.

Pasando por entre las cumbres en camión, con polo, pantalón de tela, rock y pa'l Feis.

A 3 metros bajo el cielo.

  
Cuando el camión parecía haberse malogrado en plena Reserva Nacional del Huascarán.

Posteriormente de Huaraz a Lima y sin novedad. Solo que extraño aquellos lugares. Vivir en una ciudad tan gris y húmeda te hace extrañarlos, aún más.