La primavera resuena.

martes, 14 de julio de 2015

Verano en las playas de Tacna (Boca del Río).

El día de ayer me enteré sobre la propuesta de convertir una parte de Morro Sama en una zona de circuito turístico, para así beneficiar a los pescadores del lugar cuya economía es bastante frágil. No conozco el lugar, pero recordé mis veranos en las playas de Sama (algo más al sur) y específicamente en el Balneario de Boca del Río.



La primera vez que llegué fue en 2006 y tuve una mezcla de enamoramiento y curiosidad por la playa y el mar a partes iguales. Es un lugar bastante tranquilo y que, a pesar de tener las playas preferidas por la población tacneña, nunca llega ni de lejos al agolpamiento de gente de la mayoría de playas limeñas. Siempre encontrarás dónde clavar la sombrilla (¡oiga!) y cosas interesantes que ver, así como la tranquilidad que se necesita para meditar.





Una de las peculiaridades de estas playas es que tienen muchos roqueríos. Y aunque esto pudiera parecer incómodo, posibilita que se formen algunas pozas donde remojar los pies sin temor a que te revuelquen las olas y, además, son el hogar de multitud de moluscos y pequeños pecesillos, que después de unos meses de crecer se adentrarán en el oceano para que tú los hagas ceviche y acompañarán con sus aletazos el ir y venir de las olas.











De hecho, es común que los pecesillos se acerquen a los pies de quienes se adentran en las pequeñas pozas y los llenen de pequeños y cariñosos besitos marinos. En realidad, claro, no es que te estén dando el amor de Poseidón sino que siempre tenemos hongos microorganismos y ellos muy amablemente se los comen para poder llegar a ser grandes y fuertes.




Por supuesto, estas playas también son escenario de algunos conciertos, de fogatas, de chupetas, de bailes... pero de eso no tengo ganas de hablar. Por estas épocas solo me interesa la paz.

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