Eterno verano.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Gente maravillosa.

Una oración a Dios, pidiéndole por mí, antes de ser dejada en el Muro de los Lamentos. He borrado varias de las palabras por tratarse de temas personales.
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Recuerdo que mi tío, cuando instaba a sus amigos a reunirse, les decía que era provechoso volver a la sangha. Es esta una palabra de la tradición budista cuya interpretación más cercana sería "comunidad", entendida como un conjunto de personas reunidas con intenciones y propósitos nobles o en búsqueda de la realización personal (por ejemplo, los monjes). Según él, no hacía falta recluirse en un monasterio ni hacer grandes penitencias, porque la propia vida es una continuada oportunidad para pulir los defectos, adquirir rectitud y asomarse a la perfección.

Son muchas las personas que han pasado por mi vida y con quienes he hecho sangha en las más variadas e insospechadas formas y momentos. Desde aquella chica que conocí a inicios de mi adolescencia mientras observaba el mar barranquino, pasando por compañeros de colegio a quienes nunca más volví a ver (pero que alguna frase dejaron), y terminando por personas que conocí en la universidad, a través de la red, o en algún viaje, y de los que no volví a tener noticia. Dicen que cada ser humano tiene una misión en la vida de aquellos con quienes se cruza, y así como hay misiones que duran hasta el final de tu vida terrenal, hay otras que se acaban tras unos minutos, unos días o unos meses, pero que te marcan para siempre.

No es la cantidad de tiempo, sino la calidad. No son las cosas que vives, sino la intensidad con que éstas se graban en tus recuerdos. Ni siquiera son los acontecimientos en sí, si no cómo estos ocurrieron en el momento preciso que les permitió hacerse inolvidables. Nunca he sido una persona de muchos amigos, casi todas las personas con las que me he cruzado han sido aves pasajeras. De paso más o menos largo, pero de paso al fin; aunque eso no quita que si alguno de ellos faltase en mi historia de vida, las cosas no serían iguales a día de hoy. Y en eso radica su importancia y la razón para estar agradecido.

Esta Navidad me alcanza teniendo a varias personas de mi sangha actual, un tanto distantes. Mis dos mejores amigos están lejos, lo mismo que algunas personas de mi familia. Otros han continuado su camino por las dimensiones del espíritu y, algunos, aunque cercanos en el espacio y el tiempo, están alejados por los malos entendidos de la comunicación humana u otras circunstancias propias de nuestra falible voluntad.

Uno de mis mejores amigos está de viaje en Egipto, Jordania e Israel. En estas semanas, le ha prestado especial atención a orar por los cristianos perseguidos y, en cierto modo, ha visto la violencia musulmana de cerca: Estuvo en El Cairo hasta solo tres días antes del cobarde atentado musulmán contra la Iglesia Copta de San Pedro y San Pablo. Por estas fechas se encuentra en Jerusalén, conociendo los lugares por los que transcurrió parte de la vida terrenal de Nuestro Señor Jesucristo y me envió algunas fotos de los mensajes que puso en las rendijas del Muro de los Lamentos, pidiendo por las intenciones de nosotros, sus amigos. Dice la tradición judía, según me refería, que este lugar oficia como una especie de "teléfono directo" con la divinidad y que los mensajes en él depositados son respondidos por Dios de forma mucho más rápida que las oraciones comunes. Son creencias con las que uno puede coincidir o no, pero las buenas intenciones, aún estando tan lejos, son bien recibidas. Cuando una amistad es verdadera, trasciende las barreras del tiempo y el espacio y, estoy seguro, que él también merece ser mencionado en este post, dedicado a todas aquellas personas que el Padre hizo (y hace, y hará) que coincidieran conmigo en esta aventura llamada vida.

Feliz Navidad para todos. Dediquemos este día a orar por aquellos que, por algún secreto pero maravilloso motivo, coinciden con nosotros en esta fascinante aventura; por aquellos que han perdido la esperanza de encontrar el sentido de su vida; por quienes sufren la violencia en estos mismos momentos; pero especialmente, agradezcamos a Aquel que nos regaló la existencia, por cada instante de observar y aceptar la belleza, tanto de la suave brisa, como de la inquietante tormenta y aún de aquello que no podemos comprender.

domingo, 13 de noviembre de 2016

El hombre que se convirtió en Mahoma.

Fue hace más de diez años, probablemente entre 2004 y 2005, no antes. Por aquella época, mis madrugadas adolescentes se llenaban de insomnio, Messenger y lecturas variadas en internet, cada una más bizarra que la anterior.

Es así como llegué hasta un foro cuyo nombre ya ni recuerdo; un rincón de opinión entre tantos otros, pero con un contenido que recuerdo hasta hoy y cuyo autor, oculto bajo un seudónimo, aseguraba que estaba basado en un hecho real. Podría ser solo otro cuento breve de viajes en el tiempo, pero esta historia en particular era verdaderamente inédita y original.

Supuestamente la historia aconteció en 2002, cuando las heridas del 11-S aún estaban muy frescas. Es entonces cuando el gobierno estadounidense habría estado probando un modelo experimental de máquina del tiempo y, siempre según el anónimo forista, decidió eliminar de raíz el terrorismo islámico enviando a un militar hasta el siglo VII con la intención de infiltrarse entre los seguidores de Mahoma para acabar con él.

Aquí es donde la historia se pone interesante: El militar logró interceptar la caravana en la cual viajaba el profeta del islam, encontrando que este era un personaje muy pacífico que no oponía resistencia. Sin embargo habría terminado matando a balazos tanto a Mahoma como a todos sus acompañantes, tras lo cual intentó regresar a su máquina temporal, lo que no logró por sufrir un accidente que le hizo perder la memoria en pleno desierto.

Una caravana que por ahí pasaba lo recogió, llevándolo hasta La Meca. En el camino, el militar solo logró tener recuerdos borrosos e incomprensibles de su tiempo, recordando imágenes de las bellas mujeres del night club que frecuentaba, los grandes parques de la ciudad donde vivía, rodeados por grandes y luminosos edificios, lo que él solo pudo identificar como visiones del paraíso con sus jardines y sus vírgenes. También recordó que iba tras un tal Mahoma, pero debido a los desvaríos producto de su afectada condición mental, terminó considerando que ese era su propio nombre, y que era un profeta que había recibido visiones por parte de Dios, las que debía comunicar a cuanta persona encontrara. También recordó algunas escenas de los duros castigos y entrenamientos de su formación militar y los identificó con los castigos que recibirían quienes no aceptaran su palabra revelada.

Es así como el hombre que mató a Mahoma terminó convertido en Mahoma mismo, y entró en la que sería la ciudad santa de los musulmanes al grito de "¡Convertíos!", fundando una fe cuyo desenlace ya conocemos y que él juró alguna vez detener.

Estoy totalmente seguro de que solo se trata de otra curiosa historia de ficción pero eso no quita lo irónico que sería que las cosas hubieran sido así ¿no? Una historia de ese tipo merecería finalizar con la siguiente frase: "Y el Destino sonrió, burlón".

jueves, 6 de octubre de 2016

Eusebio Maní.

Muchos personajes de nuestra historia personal quedan injustamente olvidados por la memoria, pero eso no significa que su papel en nuestras vidas haya acabado del todo, por modesto que haya sido. Y creo que eso fue lo que pasó con Eusebio Maní.

Fue hace unos días cuando el tío Nelson me preguntó si es que recordaba a "el hombre del maní" o "Eusebio maní, porque manicero se presta a malas interpretaciones". Ante tal denominación, lo primero que vino a mi mente fue la carátula de "La venganza del maní asesino" de Chabelos, es decir, algo no muy inocente que digamos. Pero poco a poco fui recordando y volví en el tiempo gracias a los pensamientos (inserte aquí: "Vuela, vuela" de Magneto).

Debe haber sido a inicios de 2002 y en el terral que antes había frente a San Marcos cuando coincidíamos con Eusebio, quien era vendedor especializado en una amplia gama de manís, pecanas y otros alimentos saludables. Coincidíamos, mejor dicho, en algunas de las tardes en que nosotros íbamos a vender libros, por no decir que el tío Nelson los vendía y Pedro (el primo postizo) y yo nos dedicábamos a leer y hablar sobre la pluscuamperfección del universo y sus implicancias en la vida social de las zarigüeyas arborícolas, es decir, a huevear. Y fue en algún momento de aquellas tardes en que también coincidimos con Ramiro, el Testigo de Jehová que vendía jugo de piña; con Giovanni, el sanmarquino que iba a comprar libros de segunda de Filosofía; con Alejandro, el tío del ceviche que más de un problema gástrico nos causó, entre otras personas. Todos ellos se fueron diluyendo lentamente de la memoria una vez que esa etapa de vender libros fue dejada en algún estante de la casa del tío Nelson y de nuestros recuerdos.

Pero Eusebio no nos había olvidado. Y ello a pesar de que una vez que el terral desapareció y la municipalidad se encargó de dispersar a los que allí vendían, se tornaron inubicables todos aquellos personajes. Y fue un día, hace algunas semanas, mientras el tío Nelson pasaba por la avenida Alfonso Ugarte, cuando escuchó que lo llamaban de forma peculiar:

- ¡Eh, Nelson libro!

Y fue así como lo recordaba, como "Nelson el de los libros" o como "Nelson libro", para resumir. Y una de las primeras cosas que también recordó fue mi presencia. Mientras los chiquillos de por ahí correteaban y jugaban fulbito, yo me la pasaba leyendo libros y revistas y de vez en cuando hacía comentarios sobre los temas que leía, con Nelson, Pedro o Giovanni, especialmente cuando eran temas de historia. Pero me llamó la atención que Eusebio, incrédulo ante aquella actitud, se refirió a mí como "el chico que parecía que leía".

Me sentí subestimado, lo admito, pero después comprendí. Frente a una adolescencia que ya desde aquellos años y mucho antes prefería desbandarse, la presencia de un chibolo que se la pasara leyendo era cuando menos, llamativa y generadora de escepticismo.

Hace un par de noches decidí pasar por Alfonso Ugarte a eso de las 8. Me disponía a ir al lugar donde venden libros de segunda (y donde encuentras algunos ejemplares hasta del siglo XIX) y recordé todo esto. Mis pasos se encaminaron rápidamente hacia el lugar donde sabía que lo encontraría. Me causaba mucha curiosidad, ya saben que muchas veces soy presa de mis recuerdos y de una casi enfermiza afición por pasármela redescubriendo e idolatrando mi pasado.

Lo encontré, lo miré a los ojos para ver si era reconocido y le pregunté el precio de una de aquellas bolsitas de maní con pasas. "Dos soles", me dijo, no me había reconocido a pesar de que yo estaba con la misma camisa de hace diez años. Me disponía a retirarme cuando decidí dar media vuelta y le dije:

- Disculpe, ¿recuerda cuando usted vendía maní frente a San Marcos?

Me miró extrañado, respondiendo que eso fue hace muchos años y que quién era yo para saberlo. Entonces le respondí, sonriendo.

- Bueno, yo soy el muchacho que según usted "parecía que leía" junto a Nelson.

Y así nos quedamos conversando de la vida. Cuando menos me dí cuenta, había pasado más de media hora y la calle empezaba a hacerse más peligrosa de lo que ya es a cualquier hora. Me preguntó qué había sido de mi vida, si todo estaba mejor con mi familia (ese verano me quité de mi casa por varios días, en un arranque de hartazgo adolescente) y qué hacía. Le conté que había estado estudiando Derecho contra mi voluntad, que ahora estaba estudiando dos carreras, una, curiosamente en San Marcos, y otra en una universidad privada, y que ya no vendía libros sino que ahora los coleccionaba. Y que sí, sí leía, no solo lo aparentaba. Le dió gusto, quedé en volverlo a visitar esta vez con Pedro y Nelson y quizá conversar de los viejos tiempos en la casa de este último. Por su parte, a él aún le quedaban un par de horas de vender sus productos.

Me despedí y me alejé pensando en cómo para algunos la vida ha cambiado tanto en estos años mientras que para otros solo ha cambiado el lugar de desempeño, mas no las actividades. Y recordé que fue con la gente más sencilla con la que siempre me sentí más identificado, comprendido y en familia. Y que además, son los únicos que (quizá sin yo merecerlo) hasta ahora no me olvidan.

Escrito en mayo de 2012.

sábado, 1 de octubre de 2016

Arquímedes.

"Arquímedes", a medio terminar.
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Esta ha sido una semana de reencuentros. Me volví a encontrar con dos buenos amigos, y también, con mi blog (hace algunas semanas que no me nacía escribir aquí).

Uno de esos amigos se llama Pedro y forma parte de las personas que me ayudaron con poco, y a la vez con mucho, cuando era adolescente. Es de condición humilde, ya está cerca de los 40, y es el típico ejemplo del peruano luchador para quien la ausencia de estudios universitarios no constituye óbice para salir adelante y dedicarse a aquello que le gusta.

Y aquello que le gusta es la pintura, casi tanto como la investigación. Pero no la investigación académica, esa que te tratan de enseñar en tu curso de Metodología o Seminario de Tesis, sino la verdadera investigación, la que nace de la curiosidad innata por querer descubrir más sobre el mundo que te rodea pero, sobre todo, por conocer cada día más de tu universo interior.

Desempeñó muchos oficios. Vendió libros cerca a San Marcos, hizo maquetas en el Jirón Amazonas, fue encargado de seguridad en una discoteca, pero siempre llevaba en su morral un pequeño libro sobre yoga, un libro amarillo, antiguo y aparentemente simple que lo ayudaba a relajarse cuando la cosa se ponía poco favorable.

La sombra de los problemas económicos fue un fantasma casi constante para él en los últimos años y, sin embargo, desaparecía por las noches en una habitación de su casa, que constituía para él, su pequeño templo. Sacaba un viejo cajón de madera de debajo de una mesa circular que había conocido tiempos mejores y, tras una rápida revisión de pinceles y pinturas, se disponía a darle la oportunidad de existir a alguna obra que surgiera de su imaginación. Su imaginación y, sobre todo, su intuición, eran aquellos vientos que impulsaban la vela de su creatividad en aquellas largas noches de insomnio.

Logró hacerse amigo de un pintor de aquellos que ofrecían sus pinturas en el Parque Kennedy, pudiendo vender alguna de sus obras, si bien esto le resultaba un tanto difícil no solo porque el consumo de este tipo de arte es muy limitado en nuestro país (donde se tiene el errado concepto de que el artista debe casi regalar lo que produce y no vivir de ello) sino porque llegaba a encariñarse con lo que pintaba. Después de todo, esos trazos y esas pinturas le habían sacado más de una arruga prematura y, seguramente, también alguna cana; más o menos como los hijos a sus padres.

Hace unos días me llamó para decirme que le impresionó leer la vida de Arquímedes. ¿Cómo era posible que uno de los hombres más sabios de la Antigüedad terminara sus días asesinado por un rudo y brutal soldado romano? Pero es que eso es lo que ocurre hasta nuestros días: la cultura y la educación (que es distinta a la instrucción) muchas veces terminan sepultados por la mediocridad y la vulgaridad de quienes solo quieren darle rienda suelta a sus bajos y animales instintos.

Así es que decidió dedicarle una obra, la cual aún no está terminada. Falta mucho, como puede apreciarse en la imagen que acompaña estas líneas. Los ojos del soldado aún están blancos y esa será la parte más difícil de rellenar, porque la insensatez de aquel que acaba con un sabio es difícil de ser plasmada, incluso para un artista que ama lo que hace.

Pedro, quizá no hayas estudiado en Bellas Artes (ni en Alejandría), pero llevas la inspiración artística en tu corazón. Eres el Arquímedes de la pintura, estimado amigo.

sábado, 20 de agosto de 2016

Frío.


Conozco personas que aman el frío, aman cubrirse de ropa como si quisieran mimetizarse en una tienda de peluches, aman caminar bajo la lluvia y escribir en las redes sociales lo hermoso que es que el clima esté gris como su alma (y después se preguntan por qué no tienen enamorado).

Bueno, yo no soy de esos.

El look que más me gusta (y el que me caracteriza) es el que corresponde al verano y trato de llevarlo el mayor tiempo posible: es común que tenga puesto mi short verde para-toda-ocasión y mi polo blanco de los viajes hasta bien entrado el otoño. Si uso chompa o casaca es únicamente para no hacer roche o porque ya el frío es verdaderamente insoportable y tampoco es que haya olvidado que de niño sufría de sinusitis, así que mejor prevención en lugar de congestión (nasal).

Cómo hará de frío que hasta mi gata, con una docilidad inusual en ella, me permite que la arrope debajo de la colcha. En realidad se la pasa echada sobre mi cama intentando conseguir calor sobre las frazadas o (cuando me echo) sobre mi panza que, imagino, le ha de resultar bastante cálida por la grasa acumulada.

Por supuesto hay frío real y frío aparente. Un profesor, hace varios ciclos atrás, nos preguntó si creíamos que el invierno limeño era frío, a lo que todos respondimos con un unánime "sí" y él replicó que eso era mentira. Para frío, el de Puno o Siberia, lo que malogra nuestra sensación térmica y hace que temperaturas que en otro lugar serían agradables (14 o 15 grados) se vuelvan bastante incómodas, es la humedad casi siempre superior al 90%. Y hablando de verdadero frío, hace unos días estuve en Puno y ese sí que es un frío acojonante al punto que hasta dolía respirar (literal), por no decir que lo pasaba aún peor por el hecho de que el hospedaje estaba situado a menos de una cuadra del Lago Titicaca. Frío + humedad + altura, una combinación para pensarla dos veces.

Pero vamos, que si el frío/humedad resultan molestos aún estando dentro de casa, con el tacu tacu de la cena al costado y con puertas y ventanas cerradas ¿te has puesto a pensar cómo la pasan aquellos que tienen que dormir o laborar en las calles? Me resulta incomprensible cómo es que nadie se preocupa de ofrecerle un asilo a los varones jóvenes y ancianos que duermen bajo harapos en las aceras de la avenida Uruguay, por ejemplo. Pero dicen que nuestra sociedad es justa e inclusiva. Sí, claro.

También me pongo a pensar en los travestis que trabajan hasta la madrugada en oscuras y húmedas calles como el Jirón Washington, ataviados con diminutas prendas. Sinceramente, me da ganas de regalarles las casacas acolchadas que me niego a usar, pero entiendo que esa semidesnudez es parte de su trabajo y que les malograría la chamba y esa no es mi intención.

De los pastrulos y borrachos que a la mañana siguiente aparecen profundamente dormidos y sin zapatos en las bancas y aceras de Emancipación, no me preocupo mucho: ellos están tan "duros" o zampados que ni sienten el frío ni saben dónde están. Algo de "bueno" tenía que tener su vicio.

Yo, por mi parte, estuve frente al mar barranquino buscando respuestas al iniciar la noche. No me importó el frío y no había tomado café ni licor para calentarme. Los buenos pensamientos y un profundo sentido de la admiración fueron más que suficientes para conducirme a tierras más cálidas mediante la imaginación.

lunes, 15 de agosto de 2016

6 platos deliciosos que conocí en Puno.

1. Queso frito con papas y arroz: Visto y devorado en un restaurante cercano a la estación de buses de la ciudad. El menú (incluía chairo, una sopa deliciosa) costó solo ¡4 soles!


2. Alpaca con crema de quinua: Una apetitosa cena en el súper céntrico restaurante Pizza Andina (Jirón Lima 519), un lugar agradable y con ambiente acogedor, especialmente por la calefacción que hacía que, por unos momentos, olvidemos el intenso frío del exterior. Filete tierno y delicioso y crema con trocitos de suave queso. Precio: 24 soles bien pagados.


3. Chicharrón de trucha con papas fritas: Almuerzo en el restaurante Choza Andina. Parecía poco, pero llenó. La carne rosada de la trucha del Lago Titicaca estuvo muy deliciosa. 8 soles bien merecidos por un menú digno de repetirse.


4. Pizza Tradiciones del Lago: Plato estrella del restaurante del mismo nombre (Jirón Lima 418). Al llegar (por la noche), un grupo de música altiplánica deleitaba al respetable con sus canciones. La pizza personal estuvo muy buena y llenó, no como las pizzas "personales" de la ciudad de Lima, que más parecen destinadas a un público infantil. Abundante queso (en serio ¡abundante!) sobre una delgada base de salsa de tomate. Muy buena. Precio: 21 soles.


5. Trucha frita con chuño y mote: Delicioso almuerzo en la ciudad de Chucuito, a pocos metros de la Iglesia de la Asunción. Pescado fresco sobre chuño y mote bien preparado. Precio: 11 soles.


6. Strogonoff de alpaca: Un suave filete de alpaca bañado por una exquisita salsa de champiñones, acompañado de arroz y ensalada. Devorado (literalmente) en el Restaurante Hacienda (Jirón Lima 517). No recuerdo cuánto me costó, pero fue entre 20 y 30 soles. Recomendado.


Bonus Track: ¿Y para acompañar?

¡Tómate una minigaseosa Cóndor Kids! (vista en Chucuito).


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Ok, no. Tómate una taza de muña o mate de coca para la altura y la buena digestión. ¡Saludos!

domingo, 24 de julio de 2016

7 platos de una aventura culinaria international.

1. Pollo al spiedo (Restaurante de El Alto, Bolivia).

Caminaba por las calles de esta interesante ciudad boliviana (caracterizada por su curiosa arquitectura y su comercio) cuando tropecé con unos establecimientos que parecían vender pollo a la brasa. Sorprendido, pregunté cuánto costaba el plato, a lo que la vendedora, además de darme el precio, respondió que no era lo que pensaba sino "pollo al spiedo", un nombre que solo había escuchado de boca de mi tío fallecido hace unos años, que decía recordar este plato de tiempos de su niñez.

Estaba, sin saberlo, ante el antepasado de nuestro plato bandera, servido no solo con papas fritas, sino además con un puñado de tallarines condimentados y una generosa ración de algo similar a la mayonesa. Me agradó, no sé si porque estaba rico o porque mi paladar se ha vuelto de hierro después de años de probar los más diversos manjares. La cosa es que no sabe igual al pollo a la brasa, las apariencias engañan.




2. Churrasco a lo Pobre (Restaurante Scala, Arica, Chile).

Los platos peruanos (y sus penosas imitaciones) son algo común en el norte de Chile. En este caso se trató de un churrasco a lo pobre que nos sirvieron en un conocido y re-putado establecimiento de la calle 21 de Mayo denominado Scala. Un toquecito elegante dentro de nuestra experiencia de mochileros.

Todos sabemos que aquí en Perú el "a lo pobre" hace referencia a un plato que contiene alguna carne acompañada de arroz, papas fritas, plátano y huevo, pero lo que nos dieron ahí era un churrasco mal cocido (el centro estaba prácticamente crudo) con papas fritas desabridas, un pequeño puñado de arroz y un poco de la salsa de cebolla y tomate propia del lomo saltado. Un despropósito total.




Nótese la carne cruda y la obligatoriedad de dejar un porcentaje para la propina. Laweafomeqliao.


3. Caja Dosirak con contenidos variados (Cafetería coreana Namu).

El Centro Comercial Arenales es un antro del frikismo pseudooriental. En sus pasillos podemos encontrar los más variados y curiosos seres humanoides caracterizados como algún personaje de dibujo animado japonés, pero no es de eso de lo que quiero hablar, sino de la Caja Dosirak, mi preferida cuando voy a la Cafetería Namu. Lo mejor que contiene son esas deliciosas lonjas de chancho empanizado y lo peor es que no te llena, pero por algo los orientales son delgados. Bueno, bueno.




4. Salchipapa mediterránea (Restaurante Little Armenia).

Little Armenia fue un local ubicado cerca a la avenida Arequipa, en el distrito de Lince, que decía reproducir algunas comidas de aquel pequeño pero histórico país del Cáucaso que fuera la primera nación en declarar al cristianismo como su religión oficial. Probé algo que de armenio no tenía mucho, la "salchipapa mediterránea", caracterizada por las papas cortadas en rodajas, hot dog de auténtica ternera feliz, todo rociado con una misteriosa salsa mediterránea y espolvoreado con fino orégano. Muy rico.



5. Ramen (Shifudoki Café).
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Otro de los muchos huecos interesantes que alberga el Centro Comercial Arenales. El ramen no tenía nada de especial y lo segundo que les muestro es un plato del que no me acuerdo el nombre pero que consiste en una masa de arroz con algo de carne rodeada por una tortilla de huevos revueltos. Qué original.


Así vino, yo no lo escribí.

6. Kimbap mixto (Jin Kimbap).
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De un tiempo a esta parte están llegando a nuestra capital algunas comidas al paso propias de otras latitudes. Primero fueron los bocaditos chinos, hace unos años llegaron los puestos de shawarma y las arepas, y ahora también han llegado estos ricos bocaditos coreanos. Vienen rellenos de atún, hot dog de ternera o mixtos y los venden a un módico precio durante las noches en la esquina de Alfonso Ugarte con Venezuela. Muy recomendable.




7. Ramen Tonkatsu (Tokio Ramen).
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Finalizamos nuestro recorrido con este poderoso, delicioso y contundente ramen. Puede conseguirse en Tokio Ramen del distrito de Jesús María (Avenida Ricardo Tizón y Bueno 663), no muy lejos de la Avenida Brasil. Si lo pides en tamaño grande (como el de la foto) no te quedará estómago para comer nada más y saldrás feliz y satisfecho. Contiene chancho, fideos, cebollita china, huevo, otras pequeñas verduras y unas deliciosas algas completando la escena.

Es posible que el local (bastante pequeño) se encuentre lleno y tengas que hacer cola para una mesa o un asiento en la barra (como me pasó a mí, que fui un viernes a las 7pm), pero créeme que vale la pena.



Me retiro a cenar. Saludos.

lunes, 11 de julio de 2016

Pajas mentales.

Esta mala mezcla entre Tiahuanaco, Chavín y Sicán, ubicada en un distrito de Tacna surgió, sin duda, de una paja mental.


Paja mental: "Literalmente, masturbación mental. Idea o afirmación de carácter especulativo o teórico, sin otro fin práctico más que el de ofrecer placer a la persona a quién se le ha ocurrido".

Recuerdo dos momentos de mi vida académica ligados a este concepto. El primero fue cuando un profesor nos dijo que "solo tendrán veinte minutos para resolver el examen, porque más tiempo es masturbación mental y yo no estoy aquí para masturbarlos". La segunda fue durante la asesoría de un curso; cuando le presenté a la docente mi trabajo perfectamente realizado y se puso a hacer observaciones cada una más ridícula que la anterior, solo para sentir que era toda una intelectual y mucho más capaz que los jovenzuelos a los que enseña. Observaciones que no servían en nada a la mejora del trabajo sino que, simplemente, se le ocurrieron y le parecieron bonitas.

Todos nos hemos pajeado mentalmente y más de una vez. ¿Te ha pasado que, en algún momento de aburrimiento, has empezado a fantasear hasta el punto de terminar sonriendo en la calle o el transporte público mientras todos te miran extrañados? Enhorabuena: Tu paja mental terminó en un orgasmo de ideas.

A riesgo de parecer encuadrado y estereotipante, puedo afirmar que existen profesiones más propensas que otras a los pajazos mentales. No debe ser muy común que los hombres de números y cálculos (ingenieros, matemáticos, etc) tengan estos entretenimientos en su labor, pero lo he visto mucho en literatos, filósofos, artistas, diseñadores, sociólogos y politólogos. En estos dos últimos, la paja mental puede ser especialmente dañina, porque terminan trabajando en los organismos del Estado, metiendo sus ideas en las políticas públicas y jodiendo magistralmente a todo un país.

Puedo distinguir dos tipos de pajas mentales: la positiva y la negativa. La primera puede ser fuente de creatividad y no suele causar daño alguno (y si lo causa, es muy restringido y en ningún caso irreparable o permanente). Vamos a desarrollarlos brevemente:

Paja mental positiva: La paja mental positiva se encuentra a gran escala en el mundo del misterio; entre los "teóricos de la conspiración" o los "teóricos de los antiguos astronautas", por ejemplo. Siempre encontrarán el "indicio" escondido que revele que Hitler huyó a Argentina, que Elvis no murió o que los extraterrestres nos crearon por ingeniería genética. Sea como sea, no causan daño alguno y sus teorías pueden servir para más de un debate con café y empanaditas. Aquí también entra todo género de iluminados y contactados, como uno que salió en cierto programa televisivo, dejando para la posteridad la que quizá sea la mayor paja mental del siglo XXI, cuando intentaba explicar qué es el tiempo según le fue revelado por los extraterrestres:

"El tiempo que estamos viviendo, es relativo, porque un tiempo tiene su tiempo dentro del tiempo. No hay tiempo que no le llegue su tiempo en el tiempo de los tiempos. Parece trabalenguas, parece malabarismo mental, pero esa es la relatividad del tiempo".

Sublime.

Otros pajeros mentales de primer nivel son los autores (y seguidores) de los libros de autoayuda. Por ejemplo, tenemos a Coelho con sus frases dulzonas y vacías como que el universo conspira para que logres no sé qué. O los autores de libros de "cómo hacerse millonario cambiando su mentalidad", pero que no son precisamente millonarios. Joseph Smith, fundador de los mormones (con su idea de que los judíos son los antepasados de los indígenas americanos y que Cristo vino a América a predicarles) pudo haber sido, también, un exponente de este arte, si es que acaso no fue un trastornado.

Los exponentes del "arte moderno" son, muchas veces, pajeros mentales que logran admiración por pajearse de la manera más burda y descarada. No hace mucho, en un museo de San Francisco, un gran número de personas terminaron creyendo que unos lentes puestos en el suelo eran una muestra de arte moderno. Y tiempo atrás subastaron una cama con las frazadas desordenadas como si fuera arte por una gran suma de dinero. Pero para mí, la más grande y hermosa paja mental artística destos valles del centro del Perú es la que podemos observar a continuación, directamente desde un solitario lugar en plena Panamericana Norte.

Una paja mental positiva originó la construcción del "Palacio Dorado" de Puente Piedra. Es curioso, con un toquecito retro y no le hace daño a nadie... excepto al buen gusto.

Paja mental negativa: La paja mental se vuelve negativa cuando se traduce en hechos que supongan una alteración del sentido común de la sociedad o puedan causar algún daño real o potencial. Esta paja mental es el equivalente no ya a una paja, sino al sexo sin protección tenido con alguien que padezca una ITS y a sabiendas. Nada bueno puede salir de eso.

Tuve un profesor (me tocan profesores de lo más normales) que decía alegremente que en su opinión los enfermos mentales no debían ser tratados como tales, porque simplemente se trataba de personas con "otra percepción de la vida". Que no tenían alucinaciones sino "percepciones alternativas de la realidad", que debían ser estudiadas no para curarlas sino para nutrirnos de esos conocimientos y... ¿entienden, no? Pero esta paja mental no era de su autoría, sino una aplicación del término "diversidad funcional" que en última instancia vendría a significar (siempre bajo la excusa de "no ofender" y "no dañar la sensibilidad" así sea mintiendo) que no existen personas con discapacidad sino personas con diversas funcionalidades físicas, mentales, etc. Esto, a la larga, podría desembocar en no querer brindarles ayuda para la superación de sus limitaciones porque ¿para qué hacerlo si no tienen un problema sino solo "una diversidad"?

La cojudez está en el aire.

Finalmente, todas las teorías paridas por el marxismo cultural (como la ideología de género y el feminismo radicalizado) iniciaron su andadura como pajas mentales salidas del cerebro de algún señor con harto tiempo libre e interesante billetera, que quería dárselas de intelectual con sus amigos en algún café europeo. Y ya vemos los problemas que están causando al ser utilizadas por las élites para aplicar su "divide y vencerás". Los Testigos de Jehová con su idea de "no a la transfusión de sangre, so pena de expulsión" (con todas las muertes que eso ha acarreado) son también exponentes de la paja mental dañina. Y los líderes izquierdistas europeos que promocionan el aborto a pesar de que su continente está sumiéndose en un invierno demográfico y que además atacan al cristianismo mientras permiten la construcción de mezquitas musulmanas (y ya vemos cómo se lo están pagando los "agradecidos mahometanos") son tal vez los más dañinos pajeros mentales del mundo actual. Llegará el momento en que la Humanidad se cure de ese cáncer y lo arroje al basurero de la Historia.

La paja mental se cuenta sola. Este caballero no podría manifestarse de esa forma en las sociedades de las que provienen los inmigrantes musulmanes cuya entrada masiva apoya.

viernes, 8 de julio de 2016

El fin de la Casa Matusita.

¿Qué limeño no ha escuchado hablar (así sea superficialmente) sobre la Casa Matusita? Nos estamos refiriendo a la leyenda urbana más conocida de nuestra ciudad capital, que por estos días está siendo literalmente demolida sin que ningún fantasma pueda impedirlo.

Existen muchas versiones sobre el origen de los hechos supuestamente paranormales que acontecerían en el segundo piso de la edificación. En la búsqueda de un desencadenante, se cuenta la historia de un japonés que se suicidó en su interior en algún momento de las primeras décadas del siglo XX, si bien parece tratarse de un calco o confusión con el mito de los fantasmas de la Quinta Heeren en Barrios Altos, sumado al hecho de que el dueño de la ferretería que inicialmente se instaló en Matusita era también un inmigrante de dicha nacionalidad. Otros achacan los acontecimientos a algún crimen pasional y, los más apegados a la conspiración, están convencidos de que todo fue un rumor intencionadamente difundido por funcionarios de la Embajada de Estados Unidos (antiguamente situada frente al inmueble, en donde actualmente funciona la Clínica Internacional) para limpiar el lugar de vecinos indiscretos.

Sea cual sea el origen de la leyenda, ésta cobró auge cuando, en la década de los 60s, un conductor de radio y televisión, de apellido Vilchez Vera, anunció que ingresaría a la vivienda, permaneciendo una noche en su interior y saliendo en un estado, digamos, de grave perturbación mental. Esta historia fue posteriormente desmentida por el propio personaje en un libro, pero aún así, sigue siendo mencionada como "prueba" de los hechos paranormales que acontecen en esa vivienda hasta la actualidad.

Lo cierto es que si alguna vez hubo fantasmas en aquella esquina, es algo que ya nunca podremos comprobar, porque ese segundo piso está siendo demolido en este preciso instante. Podría darse el caso de que los fantasmas trasladen su cólera al primer piso (actualmente también en desuso) pero ya sería especular demasiado ¿o no?

- "Tanto hablaban de que no se podía ni entrar porque dizque había cosas misteriosas y ahora están destruyendo el segundo piso y no pasa nada", mencionaba una conocida.



sábado, 2 de julio de 2016

¿Qué carajo le estamos metiendo en la cabeza a nuestros niños?

Escribo este post a propósito de una fiesta que se está llevando a cabo frente a mi casa y que, con su potente equipo estereofónico, destruye todo intento mío por avanzar trabajos universitarios o dormir.

¡Paren ya, malparíos!
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La canción más veces repetida es "Una cerveza" del grupo argentino Ráfaga, que es algo así como la canción del verano, del medio año, del invierno, y estoy seguro que también será la canción del 2016. Es una cosa realmente insoportable, que pudo ser simpática y agradable cuando no era tan común, pero ahora que la escucho en todos lados, desde la combi hasta el mencionado tono, deja de ser siquiera tolerable. Bueno, pero eso no es lo que importa.

(En este momento han vuelto a repetir la canción por tercera vez en menos de una hora).

Lo que importa es que en esa fiesta (como en las de otras familias de mentalidad simple y que tienen por hobbie el sexo sin preservativo y la reproducción conejo style) hay muchos niños presentes. Y uno de ellos (que no supera los seis o siete años) pega gritos desgarradores con la frase "porque vooos, se nota que no me querees, se nota que sha no hay amoor, entonces sha no hay más que hacer y sho me dedico al alcohoool".

Muy aparte de lo huachafo y alienado que es estar cantando como argentino cuando a leguas se te nota más peruano que una papa rellena, ponerle esta música a los niños desde edades en que su cerebro absorbe todo estímulo, lo almacena y después lo reproduce, es, cuando menos, cuestionable. Y seré políticamente incorrecto: Estoy convencido de que el hecho de que los barrios con mayor criminalidad (especialmente juvenil) o mayor porcentaje de violencia familiar bajo los efectos del alcohol (y el propio alcoholismo) sean los mismos donde predomina este tipo de música no es una coincidencia. Y si sumamos que, muy aparte de la música, se deja a esos chibolos con la televisión basura (Mayimbú y cia) como niñera de todas las tardes, no nos debe sorprender que, además de bulleros, maltratadores, borrachos y delincuentes, muchos otros, a pesar de llegar a ser ciudadanos honestos, desarrollen una mentalidad simple y sin el más mínimo concepto de trascendencia personal, por así decirlo. ¡Si se les ha enseñado a que su máxima aspiración sea esperar el chisme del día!

Sé que muchos padres dejan a sus niños viendo tele "porque no los pueden llevar con ellos al trabajo" o que otros permiten que estén rondando en estas fiestas "porque se ve chistoso el bebé bailando como borrachito o pidiendo reggaetón", pero hay que ver más allá: Con respecto a lo primero: Nadie se va a morir por no ver televisión; de hecho, gran parte de la humanidad vivió hasta hace solo unos años sin conocer la caja boba y no murieron de tedio ni se deprimieron por esa causa. Sácale la antena a tu tele mientras no estás (o el cable) y déjale a tus niños DVDs educativos, documentales, etc. Cualquier cosa será mejor que ver al humanoide que presentan en Latina por las tardes, o a los tarados que "combaten" en ATV.

Y con respecto a las fiestas, entiendo que muchos padres en su triste ignorancia cosifican a sus hijos pequeños como si se tratase de monitos, perritos amaestrados o cosas similares, pero deben entender que ese niño que hoy baila "perrea mami perrea" va a ser el mismo que años después pueda estar perreándose en serio y sin forro a cuanta bandida encuentre. Después vendrán los niños no deseados, los abortos, las infecciones de transmisión sexual, etc, y eso estimados, no les va a causar nada de gracia.

Lo que siembres, eso cosecharás. Es bíblico pero, sobre todo, es de sentido común.

viernes, 1 de julio de 2016

Día de San Pedro y San Pablo 2016 en el Muelle de Pescadores de Chorrillos.

Fecha: 29/6/2016.
Festividad de San Pedro y San Pablo / Día del Pescador.





Al carajo el invierno.

El revolucionario de la bahía.



Sabino Balandra Pérez, sobrino tataranieto del héroe José Olaya Balandra.


San Pedro, patrono de los pescadores y del distrito de Chorrillos.

Fe.



Recordando la multiplicación de los peces.


El fresco y sabrosón pescado frito con su toquecito de ceviche y arroz.

Fin de fiesta con la rica cumbia.