Eterno verano.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Volver a ser niño.

Como en los viejos tiempos.
Cuando somos niños (y hasta inicios de la adolescencia) nos mostramos tales y cuales somos. Sin roches, sin importarnos lo que diga el del costado. Sin hacer cosas para impresionar al sexo contrario. Pero pasa el tiempo y nos vamos recubriendo de una careta, una que nos posibilite tener mejor vida social, no perder oportunidades, "no fregarla en la vida".

Y entre las cosas que quedan mejor cubiertas (al punto que muchos creen que desaparecen) están los comportamientos "de niño". Armar un rompecabezas, darle un lapo a algún amigo y correr para que no te alcance, hacer un chiste monse y no criticarlo sino reírte de su ingenuidad/estupidez. Esas y otras cosas. Aunque casi siempre encontrarás un espacio, un lugar, alguna persona, donde tu niño interior pueda aflorar nuevamente. Y vuelves a ser tú en tu más pura e íntima esencia.

A mí me pasa eso cuando voy a casa de mi amiga J. A pesar de que no nos conocemos desde niños, sino desde hace siete años, nos dejamos llevar por las alegrías simples de la vida que se disfrutan sin rubor en las etapas del comienzo. Y es así como encontramos las piezas de Lego que sus sobrinos habían dejado sobre la mesa y empezamos a armarlas y jugar con ellas, como no lo había hecho desde hace, quizá, quince años.

Imaginamos lugares, puertos, carreteras, carritos, guerras. Dejamos que nuestra imaginación fluyera y recordamos experiencias, sueños y fantasías de niñez. De ahí se sumó su hermana, que también es mi amiga. Y recordamos incluso a nuestros amigos imaginarios. Ella me dijo que después supo que su amigo imaginario no lo era tanto sino el fantasma de una señora que había habitado en su casa en la época en que todo eso eran campos de cultivo y ahí estaba una pequeña construcción de los agricultores. Empezamos a contar historias de terror, reímos, y al final de todo, lamenté que el otro año se vaya a Argentina, a estudiar una maestría. Es por su progreso académico y laboral, lo que me alegra mucho, pero eso no quita que la vaya a extrañar.

Con quienes también saco ese lado es con mi grupo de amigos más cercanos (y ahora algo desunidos) que se hacen llamar los PITCH. Con ellos podemos ir por las calles de La Molina, por Galerías Brasil, por el Cercado de Lima, por San Isidro, o por donde sea, hablando tonterías, haciendo chistes, recordando a Marjorie o a la Chuquillanqui (ya algún día les contaré sobre esas atractivas señoritas de nuestro pasado), dándonosla de cantantes, cochineándonos, en suma, siendo nosotros mismos. Y las cosas adquieren un plus cuando vamos a Quilca y entramos a esas galerías donde venden juguetes antiguos y recordamos que alguna vez jugamos con las canicas, los soldaditos, los taps o las cards, mientras ahora todo lo ven videojuegos. Es cierto que también nos entreteníamos con videojuegos, pero era a partes iguales, no estábamos todo el rato hipnotizados por una pantalla.

Antes me ponía un poco "niño" con mi padre y mi madre, y con ella aún puedo hacerlo, pero mi padre se ha endurecido con la edad. Su carácter autoritario se viene elevando a cada mes, a cada año. Y para alguien que ya anda por las mitades y poquito más de los veintes, no es nada gracioso que le vengan a imponer cosas y tratar a gritos a esas alturas. Y claro, eso implica que el trato sea más frío, y en ocasiones, lamentablemente, menos cordial de su parte. Con quien sí se armaba el vacilón y las conversaciones de horas, jugando damas, ludo o Monopolio, con tomadas de pelo, chistes y demás era con mi tío Carlos, que en paz descanse, y actualmente con mi otro tío, el del Cercado, el de los posts de los extraños mecanismos. Por eso siempre lo visito y agradezco su compañía y el que su casa sea a veces mi segunda casa. Las rarísimas veces que veo a mi primo Pedro, mucho mayor que yo, es algo similar. Él me lleva diez años y me conoció cuando yo era un adolescente movedizo de 14, así que su trato es un tanto paternal.

Sin embargo, mi niño interior al comienzo de la adultez amenaza con morir o desaparecer de lo exterior. Y a veces por estar dejando nuevamente enterrado ese lado "niño" siento que comienzo a criticar a quienes aún lo tienen vivo, generalmente mujeres. Michelle, una compañera de estudios, tiene ese lado muy a flor de piel, hay quienes la ven como inmadura y quienes la ven como dulce y tierna. Hace poco me confesó que tiene miedo a "crecer". Para mí es simplemente una chica auténtica pero igual, siento que mi papel de adulto serio a veces gana la partida y termina dándome un poco de roche ajeno cuando veo algunas de sus actitudes. Ojalá que el niño interior no muera, porque muchas cosas que dije que nunca cambiaría, terminaron siendo cambiadas por los golpes, el tiempo y eso que erradamente llaman "madurar" y que solo es desarrollar una costra de insensibilidad ante las múltiples agresiones que percibes de la vida.

4 comentarios:

  1. awwwwwwwwwwww hace mucho que no se me sale lo niña.... antes era seguido... que sera....

    ResponderEliminar
  2. Caray, siempre he pensado que estoy en contacto con mi niño interior, hay algunas cosas de las que no me avergüenzo, al punto que a veces puedo ser infantiloide. Lo curioso es que de niño era mas reservado y serio jajajaja pero ahora ya no tanto.

    ResponderEliminar
  3. Chispas, estamos conectados! jajaja es cierto, mientras uno va creciendo, la sociedad, los medios, el mundo te va exigiendo que adoptes una postura que muchas veces deriva en careta, una terrible que nos limita a hacer muchas cosas increíbles y ahora que lo pienso también a amar de verdad. Es bueno madurar pero eso no quiere decir dejar de hacer lo que te nace o lo que te identificaba desde niño, cuando todo era extraordinario :) Un abrazo!

    ResponderEliminar
  4. Los legos son para grandes también, no hay edad. Eso de madurar nunca llegamos a alcanzarlo. Para que volvernos viejos y aburridos?? está bien así, de rato en rato volver al pasado dependiendo de la situación pero nadie quita esa sensación de jugar a Toca timbre. Te lo recomiendo jajaja

    ResponderEliminar