Eterno verano.

martes, 21 de octubre de 2014

Voz interior.

Fue hace un par de años, cuando una profesora de la universidad se puso filosófica, metafísica o no sé qué cosa no-física y nos planteó una, en apariencia, fácil pregunta:

Y tú ¿quién eres?

No nos dimos cuenta, pero nos había expuesto la interrogante que representa el mismo centro de nuestra razón de ser, tocando nuestra esencia, la que resultó ser una gran desconocida.

Y las respuestas...

- Soy Juanito Méndez, soy Pepita Martínez, soy...

No, no les he preguntado cuál es su nombre, sino quiénes son ustedes...

Ahí las respuestas se pusieron más sabrosas, como una gelatina de fresa, pero sin terminar de cuajar...

- Soy un futuro profesional, soy una chica de 21 años, soy un ser humano, soy madre de una niña, soy un hijo de Dios...

Ninguno de los 52 alumnos dijo algo que fuera más allá de una característica o un anhelo de sí a futuro, ya sea material, laboral, espiritual o simplista. Y nadie llegó a su esencia por una de dos: o porque es tan profunda que no la puedes expresar en unas pocas palabras (o no la puedes expresar en palabras, a secas) o porque no se conocen a sí mismos.

¿Cuánto tiempo pasamos con y para nosotros mismos? Vivimos con un profundo "horror al vacío". Llenamos nuestros tiempos con todo lo que venga, desde ver la serie de moda hasta visitar alguna exposición de arte, pasando por tomar unas copas o leer esas separatas que dejaste olvidadas hace un mes. Incluso cuando dormimos lo hacemos con música o con la tele prendida. No queremos que ni nuestros sueños estén libres de la distracción externa. Y lo hacemos porque sabemos que es en esos incómodos momentos de silencio (como cuando recién conoces a una persona y ambos se quedan callados) cuando nuestra voz interior nos habla fuerte y claro, recordándonos que tenemos cuentas pendientes con nosotros mismos y que no todo son brillos y luces cuando existe una gran oscuridad interior. Esto me recuerda a los países nórdicos: tienen una excelente "calidad de vida" (material) pero espiritualmente están tan vacíos que el suicidio es una de sus principales causas de muerte. ¿De qué te sirve tener los vasos llenos si tienes tus más profundos anhelos sin posibilidad de saciarse?

El problema con esto es que todos, en algún momento de nuestras vidas, sí vamos a querer definirnos y no tener una respuesta para nuestro propio enigma es algo que duele y mucho. ¿Cómo vamos a poder conocer a los demás si no nos conocemos a nosotros mismos? Dicen que uno no ama lo que no conoce, por ende ¿será que tampoco podremos amarnos ni amar a los demás?

En nuestra desesperada carrera por la identidad buscamos refugio en una etiqueta. El estudiante exitoso, el amigo chonguero, la profesional que nunca falla, son nuestros personajes dibujados en la carta de presentación que le damos a la sociedad. Pero como nada es perfecto ni infalible, llegará el momento en que ese estudiante repruebe un curso, ese amigo chonguero no tenga dinero para ir a la disco o esa profesional exitosa se equivoque en una decisión laboral. Y si tu frágil mundo ha estado balanceándose sobre el único equilibrio de ese membrete, caerá, la caída será dolorosa y tu moral estará por los suelos, sin muchos ánimos de reconstruirte, de momento.

No caigas en lo simple de identificarte con una sola característica o expectativa. Tú eres mucho más que eso. No definas tu mar por una simple y periférica gota.

Eres el conjunto de tu historia personal, pero también de tu voluntad, de tus metas y de lo que estás haciendo por alcanzarlas. Eres el significado que le das a tu vida y a la vida en general. Tu forma de interpretar el mundo. El amor que diste y el que dejaste que te den. Aquello que en verdad te hace sentir completo, sea estar frente a la ventana leyendo un libro, sea estar rodeado de gente en medio de una reunión. ¿No son los lugares libremente acordados los mejores para poder establecer conversaciones íntimas con tus amigos? De igual forma: aquella situación o lugar donde encuentres la Felicidad y la Libertad (con mayúsculas, las que llenan hasta la última célula de tu ser y que quisieras que nunca terminen) es un buen punto para empezar a descubrir a la maravillosa persona que tienes dentro y que es la única que nunca te abandonará en esta y siguientes vidas. Conócete haciéndote amigo de ella. Déjala hablar en el silencio y que se exprese. Cuando hayas entendido su mensaje y reconocido al ser que vive en tu interior, nunca más te sentirás solo aunque estés en medio de un desierto, sea de arena o sea de humanidad.

2 comentarios:

  1. Pues es una pregunta simple con una respuesta compleja, si dices que es cierto lo ultimo párrafo, te creeré

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  2. caray que reflexivo, coincido con muchos de tus puntos de vista, me sorprendo gratamente!! pues los has descrito como so yo lo hubiera dicho!

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