La primavera resuena.

martes, 2 de junio de 2015

Reconocerse en el otro.


El día de ayer recibí, por tercera vez consecutiva, una visita inesperada.

Se trata de Luna, una gata negra cuyos dueños nominales viven unas casas más allá pero a la que en realidad dejan a su suerte. Como antes de tener a la gata que actualmente vive conmigo (Chaska) solía dejarle algo de comida, se habrá acordado de mí y empezó a venir y maullar en la puerta por las noches.

En una de esas, Chaska se escapó y salió al pasadizo. Ambas gatas quedaron a menos de un metro de distancia, pero solo Chaska empezó a refunfuñar y arquear la espalda, mientras que Luna, habituada a la presencia de gatos y perros desconocidos, no se inmutó y parecía solo un poco curiosa. Al día siguiente se repitió la situación, pero, con la ayuda de mi enamorada, las vigilé para que no fueran a agredirse y, después de media hora de tensa calma, se fueron acercando. Anoche Chaska practicamente "exigió" a punta de maullidos salir al pasadizo para buscar a Luna. La agresividad fue reemplazada por la curiosidad. La actitud empática reemplazó a la huraña producto del desconocimiento. Porque sí, tanto gatos como humanos sentimos miedo y agresividad hacia aquello que escapa de lo habitual y cuyo comportamiento no podemos predecir. Parece ser algo instintivo.

Desde niño fui criado con la idea de desconfiar. No se me permitía entablar amistad con los vecinos porque eso "podía ocasionar que después quisieran meterse en nuestras vidas" pero, a pesar de mi timidez, ello no impidió que de una u otra forma me sintiera atraído por la compañía de los demás. Hice amigos y amigas de las más variadas historias y formas de pensar y percibirse. Gente que vino, dejó un legado (quizá sin saberlo) y se fue de igual forma. Decenas de historias que coincidieron con la mía por unos o muchos instantes y que me hicieron valorar más la vida y darme cuenta que (como después reafirmé al conocer mi obra favorita) el único fin de la vida es, quizá, experimentar.

Por supuesto, de conocer personas pasé a conocer lugares, comidas, religiones, aficiones, carreras e ideologías. Mi curiosidad parecía insaciable y en ocasiones algo temeraria. Sin embargo, esto nunca desembocó en el relativismo del "no hay verdades, cada quien hace su verdad y eso vale tanto como lo mío" o "no existe la realidad, solo los discursos", lo cual siempre me ha parecido repugnante (disculpándome). Que tú veas como verde el color rojo no significa que pueda ser de los dos colores, sino que tienes un defecto en la visión y eres daltónico y no te voy a dar la razón (y engañarte) solo "para evitar que te sientas mal". Si te aprecio te diré, ante todo, la verdad desnuda. De la misma forma, si tú quieres acomodar la realidad evidente y camuflarla en mil y un falacias y verborreas para que parezca "válida" eso no cambia las cosas, solo hace de tí una persona con percepción alterada o viciada o, incluso, alguien que se miente a sí mismo y difunde su mentira. Por mi parte siempre consideré que debía tener un pensamiento firme como mejor carta de presentación y respeto ante los demás y espero lo mismo a cambio.

Pero más allá de eso ¿cuál fue la consecuencia lógica de reconocerme y maravillarme por el otro?

En muchos casos encontré en la solidaridad al sentimiento que surge después de conocer a las personas. La gente siempre me decía que les inspiraba confianza, incluso quienes recién me estaban conociendo. Me volví depósito de vivencias y confesiones, las que, por supuesto, exigían alguna respuesta. Quizá por ello decidí finalmente (de las muchas opciones que probé) estudiar Psicología y Trabajo Social para explotar esa potencialidad.

Creo yo que esta solidaridad debe ser llevada con precisión y cautela a fin de no convertirse en simple pena o conmiseración por tus semejantes. Ellos no merecen eso. Uno debe, además, actuar con empatía, pero sin que esto desemboque en terminar llorando frente a la persona con la que hablas. Eso sería hacer del "remedio" peor que la enfermedad.

Me gusta pensar en los demás como seres con los que tengo que estar agradecido. Ellos me eligieron y dejaron que los elija (para bien o para mal) para interpretar uno o muchos actos de esa obra que vendría siendo su misión en la vida. Esto es difícil cuando la otra persona parece causar daño, pero siempre hay salidas elegantes y que, más que causar dolor, harán pensar y recapacitar al otro. Y es bonito encontrarlos después de tiempo y enterarte de que enmendaron algún detalle que estaba fuera de lugar o que lo que de ellos aprendiste ha cambiado tu propia vida.

A veces me han dicho que vivo con un pie en el pasado, pero no es del todo cierto: solo valoro cada instante que otras personas me han brindado. Si hubiera faltado alguno de esos momentos algo o mucho sería distinto en mi vida actual.

Una amiga, en nuestra conversación del domingo, me dijo que a veces le desesperaba mi tranquilidad frente a los problemas, pero no todo es tranquilidad: a veces caigo en la desesperación, pero hasta de eso busco aprender. Y sobre todo, busco no perder la confianza en que pase lo que pase y sea quien sea la persona o grupo humano que vaya a conocer, de todos aprenderé algo. Nada es por las puras, ni siquiera los errores aparentes, ya que todos te preparan y te fortalecen, aunque por falta de perspectiva dudes de ello.

Iba a escribir un poco más, pero recordé que tengo que salir y seguir conociendo, aprendiendo y experimentando. Que tengan buena semana :)

2 comentarios:

  1. coincido contigo en muchos aspectos, creo que lo importante no es ser desconfiado per se
    sino fijarse bien en quien confias!

    un abrazo! que tu tambien tengas una buena semana!

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