Eterno verano.

martes, 21 de enero de 2014

Los confines de Lima Metropolitana: La quebrada de Media Luna.

Desde lo alto del cerro puede observarse cómo gran parte de la quebrada de Media Luna se encuentra lotizada y en venta.
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Cuando era niño mi familia no era de ir más allá de Barranco, Jesús María o San Borja. Algunas veces íbamos a una propiedad que teníamos en Zárate y eso ya se nos hacía muy lejano. Me enseñaron a ver al Cercado de Lima como un lugar peligroso, y quizá lo era en ese tiempo (mitad de los 90s) y quizá lo siga siendo ahora, solo que ya me acostumbré. Lo cierto es que más allá de esos lugares, Lima era para mí, una incógnita.

A los 13 años empecé a tener pequeñas escapadas en las que me iba a conocer la ciudad. Dejándome llevar por los micros conocí un poco de Comas y San Juan de Lurigancho. En esos tiempos no me importaba nada, como es típico de la temeridad adolescente; ahora dudaría de volver a algunos de esos sitios, y si lo hiciera, no  iría solo o no llevaría celular. Cuando tenía 16 años fuí a mi fiesta más lejana de ese entonces: el cumpleaños de una amiga en el límite entre San Juan de Miraflores y Villa El Salvador. Se me hizo todo un acontecimiento y fue algo tan nuevo, que yo y mis amigos (que tampoco solían ir por esos lugares) nos tomamos una foto muy alegres en el Puente Alipio, que nos parecía algo así como el límite de la realidad. Ahora que voy a cada rato a San Bartolo y Chilca me doy cuenta de lo ridículo que fue eso.

Más recientemente conocí Ancón y también el AAHH Villas de Ancón, que según un diario local es el límite norte de Lima Metropolitana. Por trabajos de campo de mi anterior carrera estuve en las zonas rurales del valle medio de Lurín y también en la zona rural de Carabayllo (límite con la provincia de Canta) y en Ricardo Palma (distrito huarochirano que tiene continuidad urbana con el limeño Lurigancho-Chosica) y así podía presumir de haber estado en todos los confines de Lima.

Pero había olvidado uno muy importante: el límite noreste, saliendo de San Juan de Lurigancho.

Es así como al recibir la invitación de mi amigo Víctor (que antes tenía un blog de temática hotelera) no lo dudé: iríamos al Cerro Colorado, el cerro más alto de Lima Metropolitana, en el límite con el anexo 22 de Jicamarca, en Huarochirí. Y aquí debo hacer una salvedad: hay un conflicto de límites pendiente y mientras los pobladores del anexo 22 dicen pertenecer a Huarochirí; en San Juan de Lurigancho dicen que ese territorio les pertenece. Desde hace un tiempo parece que la balanza se inclina a favor de los huarochiranos y de ser así tendríamos que la Gran Lima ya no solo abarca partes de las provincias de Lima y Callao, sino que alcanza zonas de Huarochirí con las que hay continuidad urbana.

Fuimos con un grupo de personas conocidas por Víctor y la misión era escalar el cerro de 2.200 metros ubicado al fondo de la quebrada de Media Luna. El paisaje desértico se mostraba desolado y en su parte más alejada totalmente lotizado por la urbanizadora "Sol Naciente". Incluso se ha picado el cerro para hacer más lotes, lo que teniendo en cuenta lo deleznables que son las rocas en esa zona, podría traer problemas. Y fue justamente esa característica del terreno sumada a que mi calzado era de suela plana (el día anterior dormí en casa de mi padre y ahí no tengo calzado adecuado para esos terrenos) lo que hizo que descendiera antes de la mitad del trayecto y decidiera regresar. De más está decir que bajar fue más difícil que subir y me demoré buen rato en hacerlo y casi a gatas, porque las rocas cedían al menor contacto. Como mencionan los reportajes de los medios, el terreno es muy difícil. De haberlo sabido ni siquiera hubiera ido.

¿Los medios?

Sí, porque hoy me llamó mi enamorada a primera hora para preguntarme si la expedición al Cerro Colorado donde este domingo se perdieron algunas personas por más de un día, era la misma en que yo estuve. Y sí, esa era, pero lo inadecuado de mi calzado, mis kilos de más y un mal presentimiento hicieron que descendiera mucho antes de la mitad del trayecto. Y de la que me salvé. Hubiera sido mucho más difícil descender desde la cima, de noche, sin linterna y con la niebla que ya empezaba a ser visible desde la mañana. Dios sabe por qué hace las cosas.

Y bueno, los dejo con algunas fotos.

Arco de entrada a "Sol Naciente".

Camino hacia el fondo de la quebrada.

Desde el final del camino.

Aquí se puede ver cómo se sigue aplanando el terreno para hacer más lotes.

Lotización vista desde la ladera del cerro.

Niebla.
La gente subiendo. Nótese lo fregado del terreno.

Cerros aledaños.

Rocas de derrumbe.

Una curiosa "ventana".

La tierra rojiza que le da nombre al cerro.
Restos de conchas desperdigadas por todo el terreno. Muestra de que hace millones de años, esto fue parte del suelo marino.

3 comentarios:

  1. felizmente que no te perdiste por ahí mi querido amigo :(

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  2. Ooh chesss pudiste haberte perdido! Y mira la aventura y el roche que te ahorraste! Yo de chico no salía mucho! Eran los tiempos del terrorismo, donde en cualquier momento podias salir volando en pedazos, años después trabaje para la municipalidad de Lima y tenia a cargo sus 17 centros médicos municipales y creeme viaje a todo lima de cono a cono! Nunca antes había llegado a Puente piedra ni al lugar mas recóndito de Villamaria del triunfo y villa el salvador, asi como en Carabayllo ni comas! Fue alucinante!

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